martes, 23 de diciembre de 2014

Promoción navidad.

Esta navidad regala espiritualidad y autoconocimiento.





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Desde este blog deseamos unas felices fiestas y que el espíritu navideño perdure todo el año!!


Gracias a todos, y a vosotros especialmente, seguidores y lectores, por el tiempo que dedicáis a que  juntos indaguemos la búsqueda del Ser.



lunes, 15 de diciembre de 2014

Promoción de autor en el portal web ¨Universo la Maga¨.








lunes, 1 de diciembre de 2014

Entrevista a Sensei Mario Neri

    La era de la tecnología facilita la interconexión con más personas de lo que nunca hubiéramos imaginado. Y es de agradecer poder crear vínculos al otro lado del charco.
    Hace tiempo que quería retomar las artes marciales, algo que de pequeño practicaba y dejé por completo, y que de nuevo volvía a sentir atracción, pero cómo no, ligado a la búsqueda interior y de autoconocimiento. Y ahí que me topo con vídeos de un maestro mexicano que da esa inclinación a utilizar las artes marciales como vía de autodesarrollo. Es difícil encontrar este tipo de perfiles, pues el binomio de crear un punto de unión entre dos senderos que a priori parecen paralelos, no es nada fácil.
    Pero Mario Neri es un hombre singular. Entrena artes marciales desde hace más de treinta años. Es maestro, investigador, escritor y conferenciante. Su misión como maestro es contribuir a que los jóvenes
y practicantes modernos vivan conforme a los principios y virtudes más elevados del arte marcial. En su tiempo libre, dirige un ¨dojo virtual¨ por internet, en donde imparte lecciones gratis a personas de todo el mundo, para promover la difusión del arte marcial,su belleza y sus valores.
    En su ¨dojo virtual¨ hay una gran variedad, aparte de meditaciones guiadas, vídeos, documentales y clases.
    Me encanta la manera en que liga la espiritualidad con las artes marciales, y por ello, me decidí a entrevistarle. Anteriormente a la propuesta, tuvimos algún intercambio de impresiones vía mail, y ante su actitud cercana, amable y presta, le informé de la idea de hacerle un reportaje en el blog, ya que me parecía muy importante darle a conocer entre los seguidores, y romper así esa creencia de que la práctica marcial es ruda y únicamente competitiva.
    A continuación, plasmo la entrevista donde podréis apreciar la experiencia de un trabajo interior y disciplinado, y donde el afán de compartir con los demás es evidente en cada respuesta dada. Es el suyo un testimonio muy importante, con los pies en el suelo y sin alejarse del trabajo diario y sin dar la espalda al crecimiento interior.
    Espero que os guste el resultado final y lo disfrutéis.

-         Querido Mario, ¿cómo fueron tus inicios y qué te llamó la atención de las artes marciales?

-         Empecé a entrenar Kárate a los 11 años. Luego encontré el Ninjutsu cuando tenía 14 y ya no pude dejarlo. Me llamaban la atención de las artes marciales, sus movimientos, soñaba con aprender a moverme como los actores de las películas; y también me llamaba la atención su parte mística. No sé por qué, pero desde muy chico se despertó en mí el anhelo espiritual, quería practicar meditación, saber más sobre mística, y me llamaba mucho la atención cómo se abordaban estos temas en las artes marciales.

-         ¿Qué relación encuentras entre las artes marciales y la espiritualidad?

-         Las artes marciales y la espiritualidad, siempre han sido complementarias. Buda implementó las artes marciales como parte de la disciplina espiritual, porque descubrió que a los monjes les faltaba carácter y vigor. La verdadera práctica espiritual es en realidad muy ardua, requieres de mucha energía y fuerza física, y las artes marciales son perfectas para hacerte fuerte, vigoroso y resistente para la práctica espiritual. 
      Desde otra perspectiva, los dirigentes de ejércitos antiguos en oriente, descubrieron que la guerra volvía malas personas a los soldados. Así que decidieron darles doctrinas espirituales como parte de su formación militar, con la finalidad de hacerlos personas más humanas, y no solo máquinas de matar.
Un monje o un practicante espiritual, sin importar a qué enseñanza pertenezca, es un guerrero. La espiritualidad es una guerra interior para la cual necesitas mucha fuerza bruta, que a su vez, necesitas mantener bajo control. Las artes marciales te ayudan a conseguir eso.
Por el otro lado, si solo eres practicante de artes marciales y no sigues ninguna práctica espiritual, te puedes volver mala persona. Las artes marciales te dan poder, el poder de lastimar, te dan carácter y el poder de liderar a otros. Esos poderes deben ser usados con responsabilidad. La práctica espiritual le da al practicante marcial, auto control, le proporciona una conciencia moral alta, le da empatía, compasión y por lo tanto, el poder para controlar su poder.
La espiritualidad y la guerra son dos caras de una misma moneda.

-         ¿Cómo es un día en la vida de Mario Neri?

-         Me encantaría compartir un sábado de mi vida… Los sábados tengo 2 clases. De 8 a 10 con mis alumnos avanzados, y de 10 a 12 con los principiantes. Desde una noche antes preparo todo mi equipo, todo lo que me voy a llevar. Así que en la mañana salgo de mi casa, prácticamente cruzo la calle y me meto al bosque, dispuesto a dar mi clase. Me fascinan esas clases, me encantan mis alumnos. Es muy divertido convivir con ellos. Reímos muchos durante la clase. Muchos de ellos se quedan las 4 horas a entrenar. A algunos los conozco desde que eran niños y me encanta ver cómo sus vidas van floreciendo, y cómo se hacen cada vez más fuertes y diestros, no solo como practicantes, sino como seres humanos. Al terminar la clase solemos ir a comer juntos. No van todos, solemos ir casi siempre unos 6 ó 7, pero siempre es súper ameno, divertido y vivificante convivir con ellos. Son personas tan alegres e interesantes, que la tarde se nos va como agua. Hay veces que nos quedamos hasta en la noche “filosofando” y hablando de nuestro proceso espiritual personal, compartiendo ideas y puntos de vista que nos enriquecen a todos. Al regresar a mi casa, reviso mis correos y convivo un rato con mi comunidad virtual. Me sorprende mucho la enorme cantidad de personas que hay alrededor del mundo, deseando compartir sobre artes marciales, y abiertas a intercambiar ideas. Me encanta interactuar con todas estas personas. ¡Creo que yo he aprendido más de ellas que ellas de mí! Así que me encanta este tiempo para convivir con personas que se parecen a mí y que comparten mi pasión. Después de interactuar con mi comunidad, ya en la noche, me pongo a editar mis posts para las Redes del siguiente día,  me pongo a trabajar con la edición de algún vídeo o me pongo a escribir para el blog. Depende de cuál musa me venga a visitar ese día, ja, ja… Ya entrada la noche (porque soy muy desvelado), si todavía estoy de humor, veo un película o el capítulo de mi serie favorita, o simplemente me tumbo a escuchar música. Así es más o menos un día de mi vida. Hago lo que amo, lo que me apasiona y me siento muy feliz y agradecido por ello, porque esto es justamente lo que quería hacer cuando era niño. Estoy viviendo mi sueño y cada día de mi vida me regocijo en ello cada vez más y más.

-         En las artes marciales se combinan agilidad, fuerza, coordinación, destreza y confrontación en la lucha. ¿Son necesarios estos valores para enfrentar la vida?

-         Tengo un alumno y amigo que es alpinista, y para mí, él es todo un ninja, todo un guerrero. Nunca antes había entrenado artes marciales hasta que llegó conmigo, pero me doy cuenta que gracias a través del alpinismo, él desarrolló una actitud que le permite enfrentar la vida de tal forma que es un triunfador. Lo he visto enfrentar situaciones en su trabajo que harían perder la calma a cualquiera y él las resuelve con facilidad. De hecho, es como el solucionador de problemas grandes en su empresa. ¿Sabes? Es como el personaje ese de Cobra de la película de Silvester Stallone. Ese que decían: “¡Oh, este problema ya se nos salió de las manos, llámenle al Cobra!”, ja, ja… Él tiene esa habilidad. Sabe ser encantador cuando se requiere para ganarse la confianza de un cliente difícil y sabe ser rudo con algún cliente abusador a la hora de una negociación. Yo creo que él desarrolló ese tipo de carácter gracias a los desafíos para los que se entrenó y que ha enfrentado en la montaña. ¡Las artes marciales también te dan eso! Así que sí, yo creo que lo que el entrenamiento es capaz de darte, es necesario para saber enfrentar los desafíos de la vida.

-         ¿Qué debe esperar un alumno de su maestro?

-         Tu pregunta es muy interesante, porque en efecto, yo creo que es importante saber qué esperar de un maestro o mentor. Yo soy alguien que ha tenido muchos mentores en distintas áreas de su vida. He tenido varios maestros de artes marciales. Tuve varios jefes que fueron mis mentores. He tenido mentores espirituales y también de negocios. Los buenos mentores no son baratos, así que cuando tengo un mentor yo trato de “sacarle el mayor jugo”. Espero de él que sea sincero conmigo, que me hable directo, que me ayude a crecer, que me muestre mis fallas, y que me ayude a superarlas. Espero que me diga la verdad y que me esté siempre empujando a ser mejor. Tuve un alumno que era 4º Dan de Kárate, me convertí en su mentor personal por un tiempo, y él me veía con mucho respeto. En una ocasión, estando en su Dojo, recibí una llamada en vídeo conferencia de mi mentor de negocios. Había estado trabajando con él, que debía hacer unos cambios que no había hecho, y cuando se lo dije, mi mentor empezó a regañarme y a gritarme enfrente de mi alumno. No lo estaba haciendo de una manera déspota, al contrario estaba siendo amigable, pero firme, como te hablaría con la verdad un buen amigo. Me estaba diciendo cosas como: “Mario, no seas tonto, tienes qué cambiar, tienes que dejar la zona de confort y hacer lo que te propusiste, ¡ya cambia!, ¡hazlo ahora! ¡¿Qué estás esperando?!”... Cuando colgué la llamada, mi alumno estaba con los ojos y la boca abiertos, porque dice que nunca se habría imaginado que alguien me hablara así. Yo le contesté: “Para eso le pago, para que sea mi mentor y me empuje hacia donde no me atrevería yo solo”… Así que yo creo que eso es lo que debes esperar de un maestro, aunque también debemos asegurarnos de estar con el mentor correcto, con alguien que está donde quieres estar, con alguien sabe lo que está haciendo.

-         ¿Cuál debe ser la actitud de un alumno?

Yo creo que primeramente, un alumno debe ser selectivo y saber cuestionar, antes de ser obediente y sumiso. Solemos creer que hay que ser sumisos y hacer todo lo que el maestro dice, pero la verdad es que hay que buscar evolucionar y no conformarnos con lo que nos dice el maestro siempre. Esto no significa ser groseros o irrespetuosos con él. Un buen maestro sabrá cómo canalizar tu hambre por aprender, y tendrá la humildad para decirte si no sabe algo. Los mejores maestros que yo he tenido eran así, estaban abiertos al cambio y sobre todo estaban abiertos a que a que el alumno también tiene la razón y no solo ellos. El verdadero conocimiento se descubre con la colaboración de todos, alumnos y maestros, por eso, la actitud de un alumno (para mi punto de vista), debe ser una combinación entre el respeto y el saber cuestionar hasta que obtengas las respuestas que estás buscando.

-         ¿Cómo actuar ante el acoso o la manipulación?

-         Tal vez nos cueste trabajo comprenderlo, pero esta sociedad es muy primitiva, los humanos somos muy primitivos todavía, sin importar cuanta tecnología tengamos. El acoso y la manipulación son resultado de lo primitivo que es el humano, así que la mejor manera en que podemos actuar ante ello, es evolucionar nosotros. Volvernos tan inteligentes, pero al mismo tiempo tan compasivos, que podamos comprender lo que está sucediendo en la psique de la persona que está intentando manipularnos. De este modo podemos sentir compasión por ella, pero al mismo tiempo podremos mantenernos lo suficientemente firmes e incluso agresivos, para no permitir ser usados. Hay muchas técnicas para conseguirlo y de eso se tratan algunos de mis vídeos y publicaciones en los Blogs, pero la actitud de la que estoy hablando es lo más importante.

-         ¿Cómo aconsejas integrar el autoconocimiento en las artes marciales?

-         Veo que hay muchos jóvenes que se sienten atraídos por la parte agresiva de las artes marciales. Les atraen los golpes, las patadas, los movimientos, la pelea, y no está mal, sin embargo, eso es solo una etapa. Yo creo que deberíamos comprender que nuestro deseo por lo violento es una conducta animal que debemos aprender dominar. En otras palabras, cuando somos jóvenes y nos sentimos atraídos por la violencia… sí, debemos satisfacer ese deseo para no reprimirlo, pero una vez que nos hemos probado como peleadores o campeones, debemos evolucionar y buscar alcanzar equilibrio interior, aprendiendo a dominarnos y a dominar a un adversario con la mente, con nuestra inteligencia.
      El entrenamiento físico de las artes marciales no debe ser una finalidad. En internet me encuentro a mucha gente que me dice: “Yo ya soy campeón, tengo muchas medallas y trofeos, pero me siento vacío, siento que me falta algo y no sé qué hacer”. Bueno, esas personas ya empiezan a darse cuenta de lo que estoy diciendo, saben que les falta esa parte intelectual y espiritual, y el siguiente paso es empezar a alimentar eso.

-         ¿Qué cualidades o actitudes mentales destacarías a tener por todo aspirante marcial?

-         Yo lo resumiría a LA DISPOSICIÓN. Estar dispuesto a aprender, estar dispuesto a hacer lo necesario para tu crecimiento. Es muy común que un aspirante vea una película de artes marciales, se emocione y al día siguiente se vaya a inscribir a un Dojo, pero de eso a tener el carácter y la auto disciplina para seguir adelante, es muy distinto. Cuando las dificultades surgen, cuando te es difícil venir a entrenar porque no estás de ánimo o cuando tienes problemas de cualquier índole, allí es donde se ve “de qué estás hecho”. Hay muchos alumnos que me dicen: “Voy a dejar de entrenar porque me dejó mi novia y estoy deprimido, o porque tengo problemas conyugales, o porque se murió mi Mamá, porque no tengo dinero”… etc., etc. Y yo les digo: “Precisamente por eso, ahora es cuando necesitas más el entrenamiento. Esta es tu prueba, este es el momento en que le vas a sacar más jugo a la práctica marcial, ahora es cuando te vas a hacer duro”. Yo hacía eso ¿sabes? Cuando murieron mis padres, entrené más duro, cuando sufría de desamor, entrenaba más duro. Cuando no tenía dinero, me llenaba de coraje y lo conseguía, porque me metí en la cabeza que nada debía interrumpir mi crecimiento. Así que yo creo que esa es la mejor actitud mental que puedes tener como aspirante: Decidir que nada te va a detener, pase lo que pase.

-         A veces se derrota sin vencer. El TAO insiste en la suavidad para vencer lo fuerte y rudo. ¿Cómo lo enfocarías tanto en la práctica marcial como en la vida cotidiana?

-          En las artes marciales, la suavidad está representada por técnicas como las que se hacen en el Aikido, donde en vez de luchar con fuerza bruta, absorbes la fuerza, trazas un círculo y mandas volando a tu oponente por los aires para que se lastime con su propia fuerza. Las llaves serían otro ejemplo.
      Un nivel más alto de suavidad en el combate, es cuando eres capaz de utilizar tu inteligencia para ganarle a un oponente más fuerte, ya sea usando tus palabras, o estableciendo una estrategia que lo venza.
En la vida diaria, yo creo que la suavidad radica en relajarnos. Estamos demasiado habituados a creer que solo el trabajo arduo trae resultados, pero no es así. Los resultados llegan del trabajo enfocado. De las estrategias y las decisiones inteligentes en donde obtienes más con menos, y mejores resultados con menor esfuerzo. Esta es de hecho una máxima del Judo: “Máximo de resultados, mínimo de esfuerzos”…

-         ¿Cómo alimentar la motivación y la constancia en cualquier tipo de disciplina?

-         Tienes que tener un “Por qué” muy grande. Tienes que tener una razón lo suficientemente grande, una recompensa lo suficientemente “jugosa”, como para que estés dispuesto a hacer todo lo que sea necesario por conseguirlo; pero al mismo tiempo, debes adorar la disciplina por la disciplina misma. Entrenarte duro no debe ser aburrido, al contrario, debe ser muy divertido e interesante. ¿Nunca saliste con una chica que te gustara tanto, pero tanto, que estuviste dispuesto a hacer cosas locas por ella? Yo tenía una novia que me gustaba tanto, que estaba dispuesto a acompañarla a su casa del otro lado de la ciudad. Recorría la ciudad entera. Viajaba 2 horas de ida y 2 de vuelta, con tal de estar ese tiempo con ella. Del mismo modo, debes estar enamorado de las artes marciales o de la disciplina que estés practicando. En el caso de la espiritualidad, debes saber muy bien que hay detrás, qué es lo que quieres obtener, para que no te moleste hacer tus prácticas diarias, aún si nadie te lo exige. Por eso suelo decir que la mejor disciplina es la Auto Disciplina, aquella en la que no tienes que darle cuentas a nadie. Aquella que haces por ti mismo, y para alcanzarla, debes estar muy “enamorado” de lo que quieres conseguir. Yo recomiendo mucho leer biografías o ver películas biográficas. También recomiendo mucho soñar, alimentar el sueño. Quienes se quedan en el camino, son aquellos que dejan de creer en sus sueños.

-         ¿Cómo enfocas la meditación? ¿La recomiendas a todo el mundo?

-         ¡Por supuesto! Si por mi fuera, mandaría a implementar la meditación como una materia más en la escuela, para los niños. Yo veo la meditación de este modo…

Para mí la meditación solo es un medio para limpiar mi mente del apego al mundo físico. Lo que realmente somos, es un hermoso ser de energía no física, extensión de la fuente que crea mundos. Cuando medito lo siento. Llego a un punto en que mi cuerpo se adormece y dejo de sentirlo. No siento mi cuerpo, no hay pensamientos en mi mente, y sin embargo estoy consciente de que sigo vivo, de que soy una consciencia que existe y sabe que está aquí. Cuando contacto con esta parte no física de mí, me siento súper poderoso, invencible, imparable, pero al mismo tiempo amoroso y compasivo. Siento equilibrio natural. Todo lo entiendo súper claro. Veo con toda claridad el milagro hermosísimo que es la vida y nada más tengo ganas de regocijarme en ese estado. Cuando vuelvo al mundo físico, me puedo traer parte de ese estado de entendimiento al plano material. Con el pasar de las horas, el mundo físico y las cosas que suceden a mi alrededor, me hacen olvidar ese estado y dejo de ver lo milagroso de la vida, para volver a caer en un estado de “piloto automático”, donde todo es monótono y aburrido. Entonces necesito meditar de nuevo para volver a limpiarme de todo eso. Para mí, meditar es como “bañar” a mi ser puro y limpiarlo de pensamientos, ideas, apegos e identificaciones que nada más me confunden. Así es como enfoco la meditación.

-         ¿Cómo manejarse con el miedo ante, por ejemplo, un combate de artes marciales?

-         El miedo que sentimos antes de una pelea, es un mecanismo de supervivencia. Tu instinto percibe que corres peligro de salir lastimado y te avisa a través del miedo, que tengas cuidados. Yo digo que lo mejor es ver el miedo como una alarma del instinto. Así que lo que hay que hacer es aprender a apagar la alarma y esto se logra respirando y trayendo toda la atención al tiempo presente. Es como decirle a la alarma: “Sí, sí, ya te oí, ya sé que hay peligro, ya estoy a cargo y bajo control, ahora apágate”. Lo siguiente, es “jalar” una emoción intensa. El enojo es muy bueno, la furia, el coraje. Esas emociones te dan poder y son cercanas al miedo. Es fácil escalar del miedo al enojo y el enojo es una emoción más poderosa. Si te quedas en el miedo, te congelas, pero si estás enojado, tienes fuerza. Yo sugiero entrenar esto en la clase. Hay que aprender a sentir un poco de furia durante el entrenamiento, pero mantenerla también bajo control. En otras palabras, hay que sentir furia, pero no estar enojados, ¿me explico? Si hacemos esto correctamente, surge el espíritu, el ser de energía no física, y él, entiende todo a una mayor velocidad, sabe cómo defenderse, sabe qué decir y no siente miedo. Por eso la meditación es tan importante en las artes marciales. Sin la meditación, es muy difícil acceder a este estado en donde el espíritu esté presente al pelear y entonces no haya miedo. Yo suelo decir que en el piso de debajo de nuestra consciencia hay un animal instintivo. Este animalito es miedoso y primitivo. Pero arriba, hay un ángel poderoso y esplendoroso. Cuando nos sentimos amenazados, es el animalito instintivo el que se siente amenazado y de hecho, él no es el más adecuado para defendernos, lo es el ángel. Así que hay que aprender a llamarlo para que él se haga cargo de una agresión. Y no solo de una agresión, deberíamos ser capaces de llamar a nuestro ángel interno constantemente para que os ayude. De eso se trata la espiritualidad.

-         ¿Qué hubiera sido de Mario Neri sin las artes marciales?

-         Yo creo que soy un espíritu muy fuerte. Si no hubieran aparecido las artes marciales en mi vida, me habría buscado algo parecido para entrenar mi espíritu y hacerme más fuerte. Las artes marciales son hermosas y estoy muy agradecido de haberlas conocido, pero solo son un medio, un escenario para entrenar a mi ser interior. Del mismo modo, creo que hay guerreros de la vida en todas partes, y en muchas áreas de la vida.

-         ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

-         Me muero por escribir. Los últimos 7 años de mi vida han sido de arduo trabajo interior, y me muero por empezar a compartir con otros mis hallazgos personales durante esta travesía. Sin embargo, hay muchas cosas que deben configurarse en mi vida para que pueda sentarme a escribir a mis anchas como deseo. Y algunas de las cosas que deben configurarse es: tener una enseñanza formal de artes marciales a través de internet.
      Empecé subiendo vídeos y escribiendo un poco en mis blogs, con la intención de encontrar más locos que pensaran como yo. Ya los encontré. He encontrado a mucha gente que ve las artes marciales y el trabajo con uno mismo más o menos con el enfoque que yo tengo.
Interactúo constantemente con todas estas personas, y muchas de ellas me han estado pidiendo que ya suba vídeos con una enseñanza ordenada, tanto físicamente, como de todo lo espiritual. Ordenar toda esta enseñanza y conceptualizarla, me ha estado tomando mucho tiempo, pero creo que ya estoy listo para empezar a hacerlo. De hecho, este mismo mes, ya empezaré a filmar en un estudio profesional esta enseñanza. Le hablaré a la cámara y le daré la clase a la cámara, para ofrecerles una experiencia más “virtual”, más personalizada a mis alumnos a distancia, a través del vídeo.
Esta nueva plataforma la vamos a lanzar a través de un Canal Privado de Youtube, que pensamos inaugurar en enero de 2015. Una vez que tenga esta plataforma andando y tenga a un grupo de profesionales a cargo de la edición y la publicación de estos vídeos, entonces podré empezar a escribir. Eso es lo que tengo en puerta ahora. De allí en fuera, pues seguir con la clases presenciales y seguirme preparando para albergar cada vez a más maravillosas personas de alumnos, como las que se me acercan cada vez más y más.

-         ¿Algo que quieras expresar libremente?

-         Sí, quiero decirle a los jóvenes que luchen contra la tendencia a sentirse menos. Veo que está muy arraigado en el mundo el sentirnos no merecedores, “achicarnos” y sentirnos  no merecedores. Me cuesta a veces mucho trabajo hacer que mis alumnos jóvenes sientan confianza en ellos mismos. Yo creo que esto se debe a que somos educados por personas que están asustadas o enojadas, o ambas, y nos transmiten sus miedos. Veo que a la gente le cuesta trabajo creer que puede hacer cosas grandes. Veo que hay mucha gente insegura por todas partes, que se sienten incómodas si tú eres seguro de ti mismo. Por eso les digo que luchen contra eso. Si quieres lograr tus sueños, si quieres lograr una vida esplendorosa y maravillosa, debes creer en ti mismo, debes creer que puedes hacer cosas grandes, y debes aprender a lidiar con todas las personas inseguras que tratan de robarte tus sueños o que intentan hacerte desistir. Ese sería mi mensaje final.

-         ¡Muchísimas gracias por esta entrevista Raúl! También quiero felicitarte por tu libro, por tu maravilloso blog y por fomentar este tipo de información que es de tanto beneficio para los demás. Bendiciones a ti, a tu familia y a todos los que lean esto.
           ¡Namasté!


     Gracias a ti, querido Mario, por toda tu aportación y por seguir difundiendo sin cesar un genuino desarrollo y un modo final de ser. Desde este blog, y junto a todos los seguidores, te deseamos lo mejor en tu camino de indagación y que podamos seguir disfrutando de tus enseñanzas.
     ¡Namasté!
 
http://4ryu.com/1007275_Que-quieres-aprender-hoy.html
https://www.youtube.com/user/kmsensei
4ryu.mneri@gmail.com

lunes, 10 de noviembre de 2014

El error.

 
 El error es la parcela censurada del equívoco. Su sola pronunciación ya hace clasificar la palabra en una dimensión de fatalidad y prejuicios negativos.
    El ser humano, en su intencionalidad y quehacer, dispone de diversas vías para desarrollar y desarrollarse. Unas son más acordes y diestras, y otras, se alejan de ser acertadas.
    Se achaca el error a la fatalidad, lo injustificable y lo contrario a la eficiencia. Una vez cometido el error, se busca al responsable directo y, en muchos de los casos, se penaliza o reprime al sujeto. A veces, el error, ha llegado a ser tachado de pecado, generando con ello el exceso de culpa. Nos educan para evitar el error, cuando en el fondo, es principio de aprendizaje.
    El error repetitivo es negligencia, pero el ocasional y fortuito, oportunidad de crecimiento. Sin error no puede haber un reconocimiento para descartar. Saber todo de antemano sería un suicidio psicológico y alimentaría el enaltecimiento del ego. Si no existiera un margen para errar, nuestras acciones estarían predestinadas y sus conclusiones determinadas.
    Eso que en un principio parece liberador, no es más que la construcción de una burbuja invisible de seguridad, sustentada por nuestra creencia ciega de lo que consideramos perfección. Errar es de sabios, pero lo es más si se le incorpora nuestro grado de consciencia.

    El error produce rechazo, aversión, y precisamente por miedo nos preocupamos más de no caer en el error que de realizar algo bien. Desde pequeños nos inculcan lo que es erróneo, dejando en nosotros la huella de la reprimenda. La educación dada reprime el error, convirtiéndolo en un saco donde entra la falta de atino en la acción, la torpeza o los condicionantes en nuestras cualidades a desarrollar. Todo ello genera inseguridad en la persona, viendo el error como algo catastrófico sin intuir que es fundamental para el crecimiento y desarrollo.
    Si cuando debemos optar, todas las puertas fuesen válidas, caeríamos en un sueño psicológico lejos de acrecentar nuestra capacidad de elección basado en nuestra experiencia, el discernimiento, el descarte de lo que menos nos interesa, y el factor clave, reconocer la que ya hemos abierto en otras ocasiones y nos perjudica. El error, una vez convertido en factor transformativo, es el recordatorio, el historial que nos permite ir por delante para reconocer la acción negligente y menos diestra.
    Pero no podemos pensar que los errores se agotan. Si fuera así, deberíamos plantearnos si estamos arriesgando lo suficiente, viviendo con coraje -sin perder la prudencia-, o por contra, nos hemos estancado y cobijado en un punto por miedo al fracaso. A mayor valentía, mayor posibilidad de error, porque las posibilidades se configuran por lo acertado o lo erróneo, dependiendo de cómo lo interpretemos y cómo procedamos a la ejecución y desarrollo.

    Tener miedo al error es evitar la vida en su conjunto. En el momento en que demos un paso se abre la hipótesis de si es o no lo correcto. Por ello, también debemos ampliar nuestra visión para no tender a clasificar tan rápidamente y dejar fluir los acontecimientos para observar cómo se van resolviendo sin etiquetar tajantemente. Lo que puede parecer un error puede convertirse en una bendición, y viceversa.
    La sabiduría no es ausencia de error, sino lucidez para detectarlo cuando se produce, reconducirlo y transformarlo conscientemente. Eliminemos nuestros juicios y estemos en apertura con el error. Que se convierta en un huésped puntual que sabemos recibir. Veamos qué puerta ha quedado abierta para que pudiera colarse, y despidámoslo con la mayor de las amabilidades. Si fallamos cien veces, tendremos el conocimiento de cien maneras que no debemos volver a hacerlo. El acierto está sumergido en las profundidades de lo idóneo, y se accede atravesando las capas de errores, que tan sólo nos guían para escarbar más en profundidad.

    En la búsqueda interior, el rastreo de implica toparse con el error una y otra vez, desviarse de la senda en más de una ocasión, pero el buscador, con ánimo firme, amiga con su lado más inclinado a errar para darle las gracias por reorientarle de nuevo hacia su dirección de autoconocimiento












miércoles, 1 de octubre de 2014

La ira.

    La ira es un estado emocional destructivo, donde el primer perjudicado es el sujeto en el que brota y se manifiesta.
    La ira surge y obnubila la visión, desencadenando una furia incontenible. Es una emoción negativa, donde sus raíces se esconden en las profundidades de nuestros códigos evolutivos y de nuestra psicología más visceral. El desencadenante puede ser múltiple o aislado, dejando una fuerte impronta, tanto en el estado emocional, como en los actos ejecutados que se puedan producir.
    Es un torbellino que nos va acaparando hasta cegarnos y conseguir poseernos, quedando a merced de pensamientos irracionales o disparatados. El acceso a veces es tan directo que nuestra consciencia no es capaz de captar, ni mucho menos, controlar. Es un arrastre a nuestro lado más conflictivo, hambriento de saciar su malestar.
    Su hermano pequeño es la irascibilidad, donde parece que todo nos molesta, todo nos sobra. Se crea así un panorama de rareza, de rabia a punto de ser desbordada. Si se acrecienta da paso a la ira, donde la energía a su disposición erupciona queriendo expandir su esfera de negatividad. El margen de escapatoria se estrecha, pues el volcán está dentro de nosotros mismos, su lava poco a poco nos va alcanzando. Podremos culpar, podremos señalar, pero es en nuestro interior donde se libera el estado emocional.
    Un hecho externo puede ser el detonante, como algo que nos parezca injusto o donde nos sintamos ofendidos o agredidos, pero no son pocas las veces que la batalla se experimenta en nuestro universo interior, mezclándose las sensaciones con el enredo de imágenes y ensoñaciones. Es ahí donde el recuerdo de lo que nos hicieron, la impotencia de no haber actuado o la impunidad que goza lo que consideramos injusto, suscite una liberación de ira contenida. El desfogue se asocia a una realidad alternativa, donde acometemos los actos o ponemos los medios para reajustar aquello que ha quedado impreso en nosotros como una herida abierta.
    Una vez pasado el vendaval, nos damos cuenta de la transitoriedad de todo el asunto. La ira ha venido, nos ha tomado y se ha marchado. Nos hemos ausentado de nuestro eje, de nuestro quicio, porque la emoción nos ha arrastrado. En ese zarandeo hemos experimentado una parte de nosotros que no es la habitual. Es una voz reivindicativa, un modo de violentarnos que no es nuestro comportamiento ordinario, pero que en su disolución, nos deja una sensación de liberación, de haber expulsado un huésped que nos somete y nos mantenía poseído.
    Si llegamos a la conclusión de que la ira no nos beneficia en absoluto - aunque creamos que descargamos un malestar -, debemos comenzar a investigar sobre la misma para desenmascararla. No hay que confundir carácter o cierto temperamento, respuestas firmes acordes a la situación del momento, como tampoco ser contundentes o salvaguardar nuestros intereses. La ira es un arrebatamiento de nuestra lucidez, nuestro discernimiento y una solapación de nuestra consciencia. Es actuar de una manera desmedida -salvo casos extremos, como por ejemplo, defender nuestra vida- por dejarnos abrazar por nuestro instinto más irracional.
    El ego es uno de los principales asesores, pues su consejo continuo de cómo debemos actuar o tomarnos las cosas, deliberan una acción justificada al pensar, sentir o ejecutar llevados por la ira. Su repercusión en lo que nos encontremos después, una vez pasada la tormenta, puede ser encontrar nuestro plano existencial devastado, pues ya no se puede volver atrás, y cómo hayamos actuado dejará un antes y un después en el propio devenir.
    Por ello, luchar contra la ira puede convertirse en algo más difícil que en tratar de debilitar todo aquello que lo provoca: enfoques erróneos, manera de tomar las situaciones, falta de estima, nula asertividad, condicionantes de cómo deben ser las cosas, irritabilidad continua, y un largo etcétera.
    Una persona iracunda buscará pretextos para salpicar con su ira que se cuece a fuego lento en su interior. Los canales por los que se manifiesta no son sólo violencia física, sino también violencia verbal, ademanes, acoso, bullying, mobbing..., y otros más sutiles como la indiferencia o el silencio excluyente.


    La ira debe estar bajo control, amparado por nuestro grado de consciencia frente a la misma, dejando cierta distancia para que no nos salpique. Es como ver un tornado desde lejos, observar desde un avión el mar enfurecido. La energía de esa manera no se disemina, quedando a buen recaudo para otros fines más constructivos. Esa vehemencia puede quedar resguardada - tampoco reprimida -, para derivarla en otros objetivos, como realizar deportes que requieran de explosividad, o para ser más pro-activos en nuestro día a día.
    En la búsqueda del autoconocimiento, deberemos sortear el escollo de la ira, para que no nos estanque y prosigamos con fluidez. Además, tendremos que profundizar para ver qué lo desencadena, sin obsesionarnos por sus raíces, y sí en cambio, por elevar nuestro umbral de consciencia para que el tigre que nos somete, tan sólo sea un cachorrillo ladrando.










domingo, 14 de septiembre de 2014

El perdón consciente.

    Perdonar puede ser un gesto noble, pero incluido en un formalismo, el acto queda en un trámite burocrático superficial.
    Así entonces, el perdón se desliza por el barniz de las situaciones y, las emociones, quedan marcadas a lo largo de nuestra vida. Un perdón así es estéril, franqueable, vulnerable, y tan sólo parchea lo que verdaderamente sentimos o pensamos.
    Este tipo de perdón es, en apariencia, sin peso específico, teniendo el mismo valor que hacer una firma en el agua -desaparece mientras se hace-.
    Perdonar no significa olvidar, pero nos libera de arrastrar. Perdonar porque sí, no transforma en nada, y se requiere de mucho poder interior para soltar todo ese nudo de sensaciones que nos mantiene enredados anímicamente.
    El perdón consciente no es justificar ni empatizar, ni relativizar al máximo hasta disolver el hecho que consideremos injusto. Tampoco es ofrecer impunidad ni quedar al alcance para que nos vuelvan a hacer daño. No es significado de acallar ni ser sumisos ante abusos, ni está reñido con una asertividad sana. Es soltar la brasa que mantenemos en puño cerrado y mirar de frente para sentir de nuevo la brisa fresca en el rostro.

    Si el perdón no va acompañado de consciencia, no hay verdadera alquimia, es como realizar un acto desde la somnolencia. El perdón mecánico es un placebo que nos aleja de la realidad y alimenta nuestro autoengaño. Es lanzar un boomerang que nos es devuelto por la espalda.
    El perdón comienza en uno. Algo antagónico a lo que realmente pasa, pues a veces somos nuestro principal torturador. El latigazo viene con nuestros pensamientos obsesivos, nuestra demanda de cómo deben ser las cosas, y así un largo etcétera. El conflicto que anida en nuestro interior se retroalimenta con nuestra manera de roer las cosas, y esa fricción impide desarrollar la capacidad de perdonar.
    El perdón no nace de un desinterés, sino de una capacidad muy profunda de comprensión ligada a la fluidez. Guardar rencor es un veneno que fluye por nuestras células, encapota nuestra visión y nos estanca en un suceso. Odiar sólo daña al que lo siente, pues la persona odiada se mantiene al margen de cómo nos sintamos. Lo justo e injusto se debate en nuestro juicio interior, donde a veces somos víctima y acusado. Parece que perdonar beneficia a todos menos a nosotros, pero es una ilusión que nos atrapa, pues el lastre nos mantiene anclado.
    Es muy difícil soltar aquello por lo que nos sentimos heridos, pero ejercitar un perdón consciente nos libera de un sufrimiento inútil. Esto es muy debatible, porque en este mundo se cometen actos muy atroces donde es imposible quedarse indiferente. Ahí el perdón queda en utópico, en un acto que jamás puede llegar a consumarse. Pero en un nivel más cotidiano, más ordinario, el ejercicio del perdón consciente nos puede liberar de nuestra cárcel emocional.
    Arrojar consciencia al hecho en sí, lejos de pares de opuestos, no es tarea fácil, pero debemos atestiguar para no implicarnos en un círculo vicioso de emociones negativas. Proceder a un perdón interior es cerrar, de algún modo, capítulo. El hecho de querernos lo suficiente nos debe motivar para proceder a esta liberación que sólo podemos hacer nosotros.
    ¿Y, entonces todo el daño cómo se repara?
    Extrayendo el aprendizaje y haciendo lectura de qué aspectos podemos cambiar, o aceptar lo que es inmodificable rindiendo el ego que reclama venganza.

    No es fácil, ni algo que se aprenda de la noche a la mañana, pero si queremos paz interior, debemos reparar el daño emocional que interpretamos que nos han hecho. Hay que ser realistas, ya que la impotencia que sentimos ante la impunidad de ciertas personas parece que no nos va a dejar desarrollar esta parcela de autoconocimiento.
    El perdón consciente es fortaleza psíquica, sabiduría y un bálsamo para el espíritu. El buscador sabe que lo debe desarrollar, pues es un obstáculo no debilitar sus crispaciones dadas, e impide recorrer el camino hacia dentro que luego debe conciliar con el plano exterior.
    La carga de odio procura una ausencia de aroma en nuestro ser, se agotan nuestras mejores energías y se merma la capacidad de disfrutar con lo que uno es. Las personas aviesas que carguen con lo que son, pero que no deterioren nuestro florecimiento interior.
    De ese modo, el perdón que se produce con consciencia, es el mayor aliado para esquivar el propósito de aquel, o aquello, que quiso hacernos daño.











martes, 22 de julio de 2014

Reseña Cartas desde el Nirvana. Blog: ¨Anescris¨

Reseña Cartas desde el Nirvana de Raúl Santos Caballero

     Bueno vamos al segundo libro de mi participación en el  tour Anescris. Sí, yo también participo y ahí va mi opinión:


     MI OPINIÓN:

     Bueno aquí tengo el segundo libro de Raúl Santos, que la verdad me ha sorprendido otra vez. Son de esos libros que hacen pensar, igual que su primer libro "El vecino de al lado", nos lleva desde sus historias a conocer un poco la doctrina del  Yoga, que muchas veces sin seguir esa doctrina hace que quieras interesarte más y, aunque no te interese mucho, es un libro interesante, ya que te da por pensar en tu vida cotidiana que es lo que puedes cambiar para disfrutar un poco más de tu alrededor sin que nuestra peor enemiga, nuestra mente o EGO,nos fastidie y nos amargue la existencia.

     Así que os recomiendo que conozcáis a Daniel y las cartas que su padre, Julián , le dejó para que le conociera y supiera de la vida que llevó hasta su fallecimiento. Creo que si supiera que me voy a morir, también le dejaría una carta a mi hija para que se la entregara alguien en un futuro, no creáis, yo lo he pensado y no es que me vaya a morir , tocamos madera, pero si pudiera hacerlo lo haría. El libro tiene 372 páginas y lo puedes encontrar en http://www.libreriacirculorojo.com/, aunque también puedes leer si te apuntas a nuestro Libro Tour Anescris.



     MI PUNTUACIÓN: 
10

viernes, 18 de julio de 2014

La felicidad.

   Al hablar sobre la felicidad, primero, habría que preguntarse qué es, porque cada uno a nuestra interpretación, podemos ofrecer connotaciones distintas.

    La felicidad, comúnmente, es lo que constantemente buscamos, lo que deseamos o anhelamos según nuestro paradigma, entendiéndolo como una experiencia culmen permanente e idónea, para así transitar el recorrido en esta vida.
    Es una aspiración humana, un estado que nadie aborrece y con el que, según entendemos, concluiría todo el sufrimiento o gran parte de él. La felicidad puede ser enfocada desde muchos puntos de vista. Para unos puede ser momentos de entusiasmo; para otros, obtención material, y así un largo etcétera.
    ¿Pero realmente existe la felicidad como tal? ¿Es una quimera? ¿Es una dicha que nos pertenece como derecho propio?
    Cada persona tenemos una manera de entender y vislumbrar lo que consideramos ser felices. Hay quien lo establece como lograr una estabilidad, rango o un cierto estatus. Desde otra visión, el alcanzar un cierto equilibrio o armonía, también puede ser catalogado como felicidad o como predisposición a la misma. Quizás la felicidad no sea el mismo tipo de cima para todo el mundo, pues cada uno recorre su propia montaña. Lo que sí debería de ser un común denominador es que no dañemos por alcanzar lo que consideremos en ese momento por felicidad, pues teñida de dolor o sufrimiento ajeno, nunca podrá ser una felicidad noble.
    Existe el fenómeno de que el resultado de ser felices siempre viene dado por un esfuerzo requerido o un sacrificio llevado a cabo. Así, la felicidad, se convierte pues, en una recompensa merecedora, y en muchas ocasiones, diferenciada del resto. Pero ¿y qué sucede cuando la felicidad no llega o cuando creemos haberla encontrado se evapora?
    Puede ser una antesala a la frustración, o una desmotivación total ante el recorrido empleado en esa búsqueda incansable de la dicha suprema. También cabe valorar que vivimos en una vida de fenómenos transitorios, que puede hacer que un estado que consideremos de felicidad cambie, y por otro, que el contexto que empleamos para rellenar la etiqueta de felicidad también esté sujeto al cambio.
    Podemos profundizar e indagar en qué es lo que en un momento nos pudo haber hecho felices y por ello ya no lo somos tanto. ¿Por qué esa felicidad no perdura hasta nuestros días? Primero tendríamos que ver si realmente éramos felices o nos lo parecía; y segundo, que también nosotros estamos en ese cambio permanente y las predilecciones van variando como todos los aspectos que conforman la felicidad ensoñada.
    ¿Podría ser entonces el sosiego o la paz interior -como dijera Buda- la verdadera felicidad? Dependerá todo ello de la escala de valores del sujeto. También surgen más preguntas: ¿Es la felicidad un derecho, una opción o un espejismo? ¿Existe la felicidad innata? ¿Es una actitud para encarar la vida que elegimos a cada instante?
    Y otra de las preguntas que más nos puede asediar sería: ¿Qué nos impide ser felices en este momento?
    Investigar sobre este tema es complejo, porque a cada paso salen más caminos y a cada respuesta se formulan más preguntas. Quizás ser feliz sea la cosa más simple, la más sencilla y fácil, pero puede convertirse en la zanahoria que está delante del burro. Puede que proyectemos una felicidad futura acorde a unas circunstancias favorables en las que entendemos no se dan en el instante presente. Solemos estar en una espera de ser merecedores de la ansiada felicidad que nos debe de llegar como justicia a como somos o nos comportamos.

     Podemos sentir felicidad cuando algo va a nuestro favor. Nos elogian y nos sentimos pletóricos, efusivos, todo vuelve a vibrar. La felicidad, entonces, se convierte en exaltación febril  y momentánea, que puede dar paso a otros estados de ánimo o emociones. Es difícil no caer en comparativas de otras personas y buscar paralelismos para ¨valorar¨ esa felicidad que se nos escapa de las manos.
    Puede, por seguir ahondando, que incluso teniendo la felicidad de frente, no estemos capacitados para sentirnos acorde a ella, o no nos parezca el instante lo más preciso para abrazarla. Pero esa incapacidad para hacer un espacio a la felicidad en este momento presente tampoco se podrá dar en momentos futuros, porque llegará como el ¨ahora¨, del que no aprendemos a relacionarnos por completo. Ello deriva a que a lo mejor debemos ¨adiestrarnos¨ para ser felices. Puede sonar raro: ¨Aprender a ser felices¨, pero lo cierto es que muchas personas tienden a desarrollar una gran capacidad para ser infelices.
    Nuestra percepción, nuestro grado de consciencia, nuestra manera de relativizar, el apego a ideas preestablecidas o la facilidad de culpar a todo lo externo de nuestro malestar, todo ello y más, se conglomera para darnos un informe de cómo nos sentimos y que proximidad o lejanía existe con lo que consideramos ser felices.
    Quizás se nos escape por no tener bien definida su naturaleza, o porque cuando la sentimos, lo damos por sentado creyendo que es lo mínimo que podemos merecer. Cuando sentimos la desdicha, toda una fila de supuestos nos sirven como motivo de nuestra infelicidad, y ahí empieza el círculo vicioso de la queja.
    Tengamos propósitos, motivaciones... Quizás la felicidad no sea una suma, sino una ausencia. Quizás se componga de un equilibrio que vamos ajustando a cada instante, entre lo que sentimos e interpretamos, con lo que nos va llegando y vivenciando. Un exceso de externalización y embote de los sentidos, nos aliena y aleja de nuestro eje; un exceso de interiorización y retraimiento también nos puede separar del corazón de la vida.


    Por ello hagamos de la felicidad, no una meta que concluye un camino, sino la manera en que damos los pasos. Disfrutemos de las opciones, de las alternativas y las preferencias en cada etapa. Lo que en un momento nos pudo haber hecho felices no significa que nos haga ahora, por ello no tratemos de estirar lo que ya no nos alcanza. Rastreemos el sendero sintiendo la pisada que vamos dejando.
    Al fin y al cabo, cómo nos sintamos, será la huella impresa que marque nuestro estado.
















lunes, 30 de junio de 2014

El diálogo mental.

    Si algo nos acompaña en todo momento cotidiano, es sin duda alguna, la charla continua del pensamiento. La voz espectral que nos envuelve y acapara se va ligando hasta conseguir un encadenamiento de pensamientos, creando un dialogo interior como sonido de fondo en nuestras vidas.
    De manera constructiva o inspiracional, el pensamiento enriquece nuestro bienestar y, alimenta el sinfín de ideas para un correcto uso de las mismas. En ese caso, el dialogo interior está a favor y nos acompaña amistosamente como un buen amigo a nuestro lado. De esa manera, el pensamiento y su discurso íntimo, se encuentra en armonía sin tratar de acaparar más de lo que le pertenece. Es un aliado que nos orienta, nos inspira y edulcora con su presencia.
    Pero la mayoría de nosotros podemos caer presa de ese tráfico pensante. No vemos la manera de cruzar la vía entre un vehículo y otro, pues llega a ser tan mínimo el espacio entre ellos, que ni una rendija se genera para poder colarnos. Llevado a un contexto pensante, el pensamiento y su discurso puede llegar a ser asfixiante, acaparador y sabotear nuestros mejores momentos.
    El diálogo nos hipnotiza, y lo que es peor, nos hace adictos al mismo. El pensamiento se corona como rey de nuestro reino interior y su discurso nos arrastra de un lado hacia otro. A su servicio se presta el ego menos cooperante, que mediante la vía de la construcción del pensamiento, utiliza dicha herramienta para condicionar y sobreponer sus argumentos.
    El sujeto cree ser el gobernador cuando, en el fondo, es el gobernado. El dialogo pensante se convierte en un continuo río de caudal alto, donde se saca a la luz una y otra vez, temas que nos torturan y frustran cualquier intento de fluidez en la circunstancia presentada. Así, de esa manera, muchos instantes son derrochados en la atención prestada al pensamiento discursivo.
    Las energías son malgastadas en esa escucha permanente, como a la espera de algo nuevo, de alguna resolución no antes creada. Lo cierto es, que un dialogo no sometido a la luz de la consciencia, se convierte en un jinete salvaje y difícil de domar. ¿Cuántas son las personas que sienten truncadas su felicidad por una mente caótica y difícil de manejar?

    El problema no es pensar, sino en no manejarnos con el pensamiento. El problema no es el pensamiento, sino el pensamiento incontrolado. No es fácil darse cuenta, porque es mucho tiempo siendo esclavos de una mente en la que nos identificamos por completo. Se ha convertido en dueña y trata de engatusarnos constantemente con consejos poco fiables. El pensamiento no dominado es un asesor del cual hay que desconfiar, pues no está regido por la lucidez ni la reflexión consciente, sino por impulsos egocéntricos donde predominan ciertos afanes vengativos o maneras de ajusticiar lo que consideramos injusto.
    Las emociones acompañan, son el detonante de lo que sentimos al identificarnos con estas corrientes pensantes. Se disparan sensaciones que pueden ser gratas o ingratas. Las ingratas alimentan el dolor almacenado y sirven de catapulta para que de nuevo el motivo surja para que un dialogo se repita. Así es como se produce en nosotros cierto hastío, cierto agotamiento y asfixia ante el run run mental. Nos vemos acorralados sin un espacio que nos libere de prestar atención al pensamiento impositivista que se crea en nosotros. Parece que no hay elección, mucho menos, escapatoria, y se merma en nosotros la posibilidad de una transformación, de una opción de libertad interna, donde el ¨yo¨ quede un poco al margen de lo que se piensa, y donde pueda observar sin ser arrastrado, sin identificarse y con la posible elección de desviar la mirada de esa autopista de pensamientos.

    Parece utópico porque no entendemos ser, sentir o vivir, sin el ruido de fondo del pensamiento. Parece que sin él no somos nadie, es más, parece que lo que realmente somos es el pensamiento y nada más. Pero al ser tomados por el ruido pensante ya no estamos presentes, porque el pensamiento se maneja en pasado o futuro, ya que el instante tal y como es, no le ofrece un espacio para situarse. El presente no da cabida para un dialogo rumiante de pensamientos inconclusos. El poder transformativo de estar presente genera un espacio ante el pensamiento, donde toma una posición más secundaria. Ya no arrebata nuestra mirada, ya no ensordece nuestra consciencia embotándola y agotándola. Ese espacio, al observar el pensamiento sin identificarnos, nos da cierto respiro, una brisa fresca y reparadora, y una ruptura de las cadenas que antes nos forjaban.
    La atención consciente facilita que cuando somos arrebatados por una corriente pensante, podamos alejarnos interiormente para situarnos en un puesto de observancia. Desde ahí, el poder hipnotizador del pensamiento no es tan imantador, pues al haber distancia, cierta lejanía, se rompe una identificación que nos sometía por completo y nos empañaba la visión haciéndonos creer que no había otra cosa donde dirigir nuestra mirada.
    El espacio entre pensamientos es la esperanzadora dimensión donde se vislumbra una percepción de una realidad lejos de la dualidad en la que somos zarandeados por falta de ubicación interior. Cuando emerge el estado de presencia se eleva la consciencia, y con ello, una manera de distanciarnos de todo ese contenido asfixiante y ruidoso.

    El entrenamiento mental, como la meditación, permite esa observación que nadie puede hacer por nosotros. Es la identificación ciega la que nos hace creer que nuestra esencia es lo que pensamos, cuando paradójicamente, su cesación revela otro modo final de ser y existir.