viernes, 27 de diciembre de 2013

La visión penetrativa.

    La visión penetrativa, o cabal, es el logro de despertar en medio de toda una interactuación de fenómenos. Es una fina brecha que traspasa una inmensa oscuridad, y permite acceder a otro tipo de realidad que queda ocultada bajo las capas de la apariencia.
    Mirar no es lo mismo que ver, y ver puede quedar reducido a una interpretación coloreada por impresiones, percepciones y todo un conjunto de arropos que sobreponemos a las cosas. Es entonces cuando lo que vemos es lo que queremos ver, y creemos aquello que infundamos tanto de anhelos como de temores. De esa manera se escapa una preciosa manera de ver las cosas, que no es más que tal y como es, sin colorear ni argumentar a favor o en contra.
    Ver a través de reacciones, miedos, inseguridades o filtros psicoemocionales, juega un papel importantísimo la interpretación. De ahí que zarandeemos de un lado para otro y oscilemos de algo grato a algo desagradable. Ello genera desubicarnos de nuestro eje de equilibrio y estemos a expensas de nuestras reacciones desorbitadas. Si la visión se empaña, la claridad mental se enturbia. Por ende, todo nuestro estado interior se ve agitado y la armonía deja espacio a otro modo particular de vivenciar lo que acontece.
    La existencia se compone de planos, dimensiones y esferas de las que muchas escapan a nuestras razones. La vida es real, no un juego o un espejismo, pero ofrece un marco de ilusiones que obnubilan la consciencia del ser humano. Éstos se manifiestan a través de los fenómenos que se presentan, y que como dijera Buda, su cualidad es la impermanencia, la insustanciabilidad y la transitoriedad.
    Cuando hablamos de fenómenos no hay que ligarlo a lo transcendental o hechos paranormales, sino las propias sensaciones, emociones, reacciones, etcétera, que por su influencia en nosotros caemos en su identificación, dando por real lo que es adjunto, y creyendo como nuestro, rasgos de los que nos podemos desprender. Entonces los fenómenos obstaculizan la realidad tal cual es y ésta queda reducida a nuestra estrechez de miras.
    El proceso de identificación se basa en una repentina reacción que, al desplazarnos de nuestro centro, favorece acercarnos tanto a lo que provoca la reacción, que al final, como un camaleón, nos vemos prendidos en su color. Inmersos en las reacciones y la identificación de procesos que surgen y se desvanecen, la mente de la persona queda atrapada en su propia vorágine, cayendo presa de surcos repetitivos de pensamientos, apegos y rechazos. Las impresiones, al no estar amparadas bajo la luz de la visión inafectada, deja una huella en la pantalla mental, que después se requerirá de un ejercitamiento y adiestramiento posterior, para enfriar y borrar esa ¨huella¨ que ha quedado instalada y que nos incita a reaccionar una y otra vez para retroalimentarse. De esa manera, la salud emocional y los rasgos de carácter, pueden ir mermando en detrimento de una integración psicológica y de una manera de ¨tomar¨ las cosas.
    La visión penetrativa atraviesa el fenómeno a través de su observancia, en la que libre de juicios de valor y con equilibrio, se dedica a atestiguar el surgir y desvanecer del mismo, sin ser arrastrado ni condicionado de esa red de fascinaciones que aunque se expongan no nos prenden, que aunque aparezcan, ya no se alimenta de nuestra atención prestada (con lo que la guardamos para otros fines más constructivos), y con ello, vamos ganando terreno a la libertad interior. El desarrollo de una visión más nítida y que atraviese los velos de la ignorancia (no la ignorancia de falta de conocimientos, sino lo anteriormente mencionada sobre la identificación) se debe efectuar bajo una eclosión de la atención mental, en la que desprenderá una alerta para hacer más panorámicas las opciones y no morder siempre el mismo anzuelo.
    La visión lúcida nos alejará de las trampas mentales que despiertan ofuscación, malestar, y todo un nido de rarezas con las que convivimos habitualmente en nuestro hogar interior. Al captar la naturaleza de los fenómenos, comprenderemos cómo la dinámica existencial adquiere un rango distinto y al que ya no se predispone tanto nuestro aferramiento, generando con ello una mayor capacidad de soltar y fluir acorde a un ritmo más equilibrado. Para trabajar esa visión más penetrativa, el ejercicio de oro es la meditación sentada, particularmente ¨vipassana¨, donde después, esa misma actitud será extendida a la vida ordinaria.
    En la propia meditación se pondrá a prueba muchas herramientas que no terminan de emerger, precisamente, por no alcanzar grados más altos de consciencia. Entre ellas: la paciencia, el equilibrio de ánimo o ecuanimidad, el sosiego, la atención mental, la observancia inafectada, la calma interior, el sosiego y, un largo etcétera. Por contra, irán enfriándose, y en la medida de lo posible, disolviéndose, otros estados negativos y arraigados en todos nosotros que nos sabotean la paz interior.
    En la meditación, si se efectúa con rigurosidad, no hay escape, no hay entretenimientos ni saltos al pasado o al futuro. Es una instalación al momento presente dándole la bienvenida en apertura, sin edulcorar y con una actitud arreactiva que permitirá ver, con una capacidad distinta, el acceso a la realidad. Si se ejercita con perseverancia la ubicación de posicionarnos en un puesto que atestigua sin implicarse, repercutirá para desarrollar una manera distinta de enfocar sin oscilaciones. Eso no significa que de repente todo nos resulte indiferente; nada de eso. Las preferencias están al igual que lo que menos deseamos, pero la consciencia ¨testigo¨ da el mismo valor a ambos, no decantándose más por uno que por el otro, y así seremos menos arrebatados de nuestra claridad interior.
    Alcanzar esos niveles de visión purificada no es tarea fácil. Dependerá del temperamento y la naturaleza de la persona lo que hará, junto al ejercitamiento ligado a la actitud, que el sujeto, comience a manejarse con ese descubrimiento de aprisionamientos mentales, y logre abrir rendijas para ver más allá de los propios muros de su psicología petrificada.
    El buscador de lo Insondable sabe que en su recorrido de autoconocimiento deberá esclarecer su visión si quiere captar  ¨aquello¨ que permanece oculto tras las capas de lo aparente. En ese rastreo, los obstáculos disfrazados de fenómenos que van surgiendo, deben ser articulados, y en el caso de las emociones, enfriadas.
    Esa manera de desarrollar una visión que atraviese los velos de la ignorancia, creará en el buscador, otra percepción distinta, en donde, se revelará un modo final de ser de todo lo fenoménico.




domingo, 24 de noviembre de 2013

Espiritualidad & Asertividad.

 
  Estando inmersos en sendas de búsqueda espiritual o de autoconocimiento, podemos caer en la trampa de creer que es incompatible el derecho de defender nuestros intereses por no salirnos de ese ¨ideal¨ que hemos creado.
    La vía de búsqueda interior es una opción que decide cada uno para aportar o rastrear un sentido último. Ello permite desplegar cualidades nobles como la compasión, la comprensión, la ayuda desinteresada y otras actitudes que sirven de bálsamo para nuestro espíritu. En ese plano de búsqueda entendemos que las reacciones desorbitadas nos arrastran, el rencor nos envenena y el odio nos sepulcra. Entonces el trabajo sobre uno mismo consiste en enfriar emociones negativas y catapultar las positivas. Hasta ahí, dirigimos las miras hacia ese plano íntimo de cada uno en el que nadie puede trabajar por nadie.
    Pero, ¿eso significa que no podamos reclamar lo que nos parece injusto?, ¿significa que debemos enterrar una firmeza consciente con la arena del silencio?
    Viviendo en sociedad, y más en esta tan competitiva, cuesta estar inmerso en un papel de solemnidad constante. No debemos confundir términos. La espiritualidad que podamos trabajar todos los días, cual sea su disciplina, nos debe invitar primero a desarrollar amor y compasión hacia lo más cercano: nosotros mismos.
    Ello nos desarrolla una integridad como seres humanos que no tiene por qué alimentar el ego haciéndonos sentir diferenciados del resto. Una cosa es sentir el orgullo herido constantemente o dañar a los demás, y otra muy diferente saber dilucidar que nuestros derechos están siendo dinamitados por manipulaciones, acosos y afán de posesividad hacia nosotros, entre otros.
    Esa falta de firmeza también es ego encubierto, porque el miedo nos impide situarnos en una confrontación donde debemos velar y defender lo que creemos. ¿Debe estar reñida la espiritualidad con la asertividad?

    Creo rotundamente que no, y de hecho cuando más nos servimos del autoconocimiento más capacidad tenemos para saber decir no, por ejemplo. Lo inteligente puede ser estar al margen, dejar espacio siempre que podamos, pero insistiendo en que estamos interactuando en sociedad, no estamos fuera de despotismos, insultos o adulaciones, a los cuales debemos dar la misma importancia.
    Pero lo que se plantea va más allá de un mero desprecio. De lo que se trata es de cómo proceder a cierta contundencia cuando las circunstancias lo requieren sin salirnos de nuestra esfera de trabajo interior.
    Ante esta cuestión se nos presenta una dualidad que conciliar: la espiritualidad como adiestramiento interno y la suma de una psicología práctica aplicada. De nada nos puede servir estar horas y horas en ejercicios de meditación si después nos dejamos manipular o anular. Otra cosa es que debido a ese trabajo no nos afecte, pero aun así se debe delimitar todo aquello que sea un abuso, tanto burdo como sutil.
    El trabajo interior es incuestionable, porque además de que termina por derivar en facilitar las relaciones, también debe propiciar un sentimiento de cariño y respeto hacia uno. Podemos preguntarnos cómo se desenvolvería un sabio, o cómo mostraría firmeza un jivanmukta (liberado en vida). Primero tendríamos que encontrar a uno y observarlo. Quizás descubriéramos que no está encapsulado en una actitud siempre pasiva y permisiva dejándose pisar constantemente. Seguramente su núcleo de quietud no se viera afectado, quizás su grado de consciencia le permita ver más allá y no se identifique con los fenómenos cambiantes, pero seguramente también, por integridad, por estima, por un mínimo de amor propio sin que ronde el ego, quizás porque no se produce la agitación interior, por todo ello y más, su contundencia sea clara y transparente sin la reacción anómala que después nos arrastra y condiciona.


    El sabio, al considerar las situaciones efímeras y transitorias, se desprende de las mismas sin albergar odio, ira o tribulación. Defiende sus derechos desde el ser y no el personalismo, respondiendo al momento requerido y al cual sea empujado a vivir. Ello no inquieta su lago sereno del que goza interiormente, pero externamente al igual que la dinámica en la que se encuentra inmerso, se moviliza para ajustarse a sus intereses, lejos en ningún momento de dañar o herir a nadie.
    Podemos imaginar a un liberado viviente en un halo o burbuja en donde todo le es indiferente, pero quizás porque su intuición o evolución le permite captar más lo que es injusto, pueda llegar a sentir indignación o impotencia pero sin contaminarse por esas emociones que percibe y obrando en consecuencia en lo que esté en su mano. No se resigna, acepta. No se detiene a lamentarse, continúa su camino fluyendo. Concilia su trabajo espiritual sin dejar de lado su asertividad. No tiene por qué ser un blanco fácil ni un ingenuo o inocentón permanente.
 
  Lo que nos puede diferenciar de un sabio es que su respuesta o acción no nace del personalismo, ya que no hay un ego herido, sino que emerge de una clara comprensión. Tampoco se le debe atribuir sentimientos de venganza, porque no le acompaña el resentimiento. Su respuesta, que no es reacción mecánica o anómala, es el ajuste a una determinada situación en la que su ubicación en la circunstancia, y aun teniendo una visión panorámica, le permite defender y argumentar su posicionamiento abogando por ciertos derechos legítimos y humanitarios.

    La ofuscación de las mentes no tiene por qué campar a sus anchas. La determinación y el respeto debe de estar seguido de una manera de relacionarnos sin dejar de lado nuestros intereses, y entendiendo que no podemos estar a la altura de muchas exigencias de los demás.
    Seamos asertivos, decidámonos a decir no, sepamos velar por lo que realmente queremos, aprendamos a confrontar diversas actitudes que se puedan servir de nuestra buena fe. La espiritualidad que trabajemos estará ahí, como soporte, como manera de integrar la mejor parte de nosotros que debemos desplegar.


    Con práctica y autoobservación aprenderemos a no dejarnos tanto afectar y a saber ver más allá de la neblina que otros proponen que debemos cruzar.













miércoles, 23 de octubre de 2013

Yale Univesity.








Me complace compartir la noticia de que la novela ¨El vecino de al lado¨ ha sido requerida por la Universidad de Yale de EE.UU (la segunda más prestigiosa de este país, tengo entendido) como objeto de estudio y análisis.
Gracias a todos los que habéis apoyado esta ¨obrita¨ que va a cruzar el charco para acceder al archivo de dicha universidad. Por lo visto eso permite que como autor entre en el ¨Worldcut¨, que es el catálogo mundial de libros, y pueda facilitar con ello llegar a más gente incluso fuera del país.





   
De nuevo gracias y deciros, por qué no, que estoy satisfecho!







domingo, 20 de octubre de 2013

Cuestionario Anescris a Raúl Santos Caballero.



     1 Libros públicados: El vecino de al lado de Ed. Circulo Rojo



     2. ¿Un libro de tu niñez? El alquimista de Paulo Coelho (1988)












     3. Un libro que te guste ahora: El arte de la paciencia de Ramiro Calle


     4. La película que más te gusta: The Dark Knigth (2008) de Christopher Nolan



     
     5. Música preferida:  OBK, Hans Zimmer, Yann Tiersen,


Yann Tiersen  Hans Zimmer

     6. Deporte preferido o a lo mejor no te gusta: Yoga



     7. Ciudad, campo, playa o montaña: Playa


     8. Color que te gusta: Naranja y negro


     9. Un lugar para vivir: Tailandia


     10. Un lugar que te gustaría visitar que no has ido: India



     Agradezco  a Raúl Santos por haber hecho el cuestionario y por darse a conocer un poquito más, y sobre todo a enseñarnos que podemos callar nuestra mente, nuestro peor enemigo. Esperamos con impaciencia tu próximo libro, Saludos desde Extremadura.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Reportaje y entrevista al músico, escritor y profesor de yoga Chema Vilchez.

    En el panorama actual de este país, si tuviéramos que citar un nombre que recopilase el genio musical mezclándose con la mística más refinada y la narrativa lúcida, sin duda alguna, recibiría el de Chema Vilchez.
    Es pues, una referencia para todos aquellos amantes de la música que quieren ir más allá de una composición comercial en el que se ajusten diversos acordes. Es música que nace primero en las inquietudes del alma y que se manifiesta luego en el juego de cuerdas de una guitarra, en donde Chema es un mero intermediario para susurrarnos al oído todo aquello que proviene de lo desconocido.
    Así es su labor, la de dejar paso a la creatividad y que permita, por otro lado, escudriñar los misterios de una existencia en la que se desenvuelve su melodía. Cada nota es una inspiración, cada tono una espiración, cada armonía conquistada un reflejo de lo Insondable.
    Su trayectoria no es gratuita. Graduado con honores en el Musicians Institute de los Ángeles, California, EE.UU. Especializado en armonía moderna, arreglos y composición, guitarra clásica, flamenca y eléctrica. De este modo pasa a realizar giras por Europa, Asia y Estados Unidos.
    La música no es su única vía de expresión. Chema tiene publicados varios libros, ¨El sueño del navegante¨ (1995), y ¨Yoga renacer a la vida¨ (2006)  *Leido y recomendado.
    Además de eso, también es profesor de yoga, disciplina en la que le permite tener un contacto muy cercano con todo aquel que desea profundizar en la misma.
 
    Comienzo a saber de Chema a través de la música de la novela espiritual de Ramiro Calle, ¨El Faquir¨. Indago a través de Internet, compro el CD y la cosa queda ahí.
    Es la casualidad, o causalidad, la que irrumpe en el destino y quiere que a través de su cuñada Ana, compañera mía de trabajo, pueda saber de él a modo de pinceladas y facilitar así un posible encuentro de dos almas en plena búsqueda y donde sus caminos comienzan a acercarse.
    Sería un día como tantos otros, donde le encuentro compartiendo una clase de meditación en el centro de yoga ¨Shadak¨, y donde después de deleitarnos con una clase y charla Ramiro Calle, me dispongo a abordarle..., y así lo hice. Me presenté y gracias a que Ana le puso al día, fue fácil atajar el camino de las formalidades. La impresión fue muy grata. Chema desprende bondad, nada de superficialismo y parece estar en apertura en todo momento. No parece importarle que le irrumpa en esa paz en la que parece estar inmerso y es cordial en todo momento. A partir de ahí comenzó a palpitar una amistad en nosotros.
    Coincidencias y la asistencia a un concierto suyo en directo, fueron afianzando la manera de conectar y de vislumbrar parte de ese espíritu benevolente que despierta mi sorpresa ante su durabilidad permanente.
    Sería difícil clasificar los puntos en los que podemos coincidir, pues se palpan pero no se revelan abruptamente, sino que van emergiendo a medida que las afinidades se van explorando y entonces la amistad brota como un reconocimiento más allá del encuentro. Sí cabe destacar la necesidad de rastrear un sentido último, la de expresar y compartir, la música como vía de acceso a experiencias alejadas del personalismo, el desarrollo de la creatividad convirtiéndolo en trabajo interior, las miras a progresar lo más humanamente que se pueda y los proyectos a corto, medio y largo plazo que nos devuelven la ilusión e inocencia que no queremos perder.


   A continuación muestro la entrevista que le realicé para que todos podamos disfrutar de sus respuestas excepcionales y su visión holística particular.
 



-          Raúl Santos:  Chema, cuéntanos. ¿Cuál fue tu primer contacto con el yoga? ¿En qué momento te llamó la espiritualidad?

-      Chema Vilchez:  Mi inquietud por los temas espirituales comenzó desde niño. Gracias a mi madre y abuela, el ambiente en casa era bastante religioso, pero en un sentido muy abierto, mucho más espiritual que dogmático. Así que, de manera natural, se creó un entorno muy proclive a todo lo que tenía que ver con lo místico. Mi primer conocimiento del yoga vino con alguno de los programas del psiquiatra y gran divulgador de temas de ocultismo que era Fernando Jimenez del Oso. De niño no me perdía ninguno de sus programas (Más Allá, La Puerta del Misterio) y en alguna ocasión que se mencionó la palabra yogui, ésta se quedó grabada en mi mente de manera imborrable. A partir de ahí, el primer libro de yoga lo compre con 11 años y durante toda mi adolescencia leí muchos libros e intentaba hacer asanas de manera autodidacta. No fue hasta los 17 años que empecé la práctica diaria de yoga en una escuela en Madrid donde tuve la ocasión de conocer gente muy interesante, médicos, científicos, escritores y yoguis que venían de la India para realizar charlas y talleres. Pude conocer y tratar a personalidades como Eduardo Alfonso, un auténtico sabio del siglo XX y discípulo directo de Ramón y Cajal, o a Enrique Miret Magdalena, humanista excepcional,... y muchos otros. Ahora soy consciente de la suerte que tuve de aprender con gente así, con una talla espiritual e intelectual incomparable.


-          ¿En qué consiste tu sadhana?

-            Hago yoga a diario, tanto asanas como meditación y procuro trabajar la vivencia del aquí y ahora en mis actividades, aunque no siempre se consigue. Quizás la parte más compleja de una práctica espiritual es mantener la mente en un estado de positividad permanente, sean cual sean las circunstancias. De algún modo los seres humanos somos como robots, tremendamente mecánicos y un porcentaje nada desdeñable de nuestro pensamiento diario e inconsciente se convierte en un bucle de miedos, necesidades insatisfechas, juicios y prejuicios. Creo que no hay mejor practica que intentar permanecer serenamente atento para que los patrones de pensamiento negativos o erróneos no tomen el control de nuestras emociones.


-          ¿Cómo concilias la música con la búsqueda espiritual?

-            La música, tal y cómo yo la concibo, es en sí misma una búsqueda espiritual. La práctica musical es una invitación a olvidarte de tu yo para convertirte en energía, en sonido. Cuando creas o interpretas música, desde más allá de la conciencia egóica, de la necesidad de aprobación, de miedos y aspiraciones es cuando realmente surge la auténtica música, capaz de sanar el alma y revelarnos realidades que ordinariamente pasan desapercibidas.
-           

-          ¿Dónde o cómo encuentras la mayor inspiración?

-            La mayor inspiración es la propia vida. Un paisaje, una puesta de sol. El afecto de un ser querido y cómo no, la propia condición humana con todas su carga de errores y limitaciones. A veces, momentos complicados te traen buenas ideas y momentos más plácidos son menos productivos desde el punto de vista creativo. Pero, la inspiración es un gran misterio. En cuestión de segundos puede venir a tu cabeza una composición musical que dura muchos minutos, o la trama de toda una novela. Es algo que escapa a la medida espacio/temporal.


-          También eres profesor de yoga, ¿qué les dirías  o qué les aconsejarías a todo aquel que aspira a dicha función?

-       Para ser profesor de Yoga es esencial que tu única motivación sea hacer el bien a los demás. Evidentemente es muy importante una buena formación desde el punto de vista técnico, filosófico y anatómico. Una actividad como esta no se puede tomar con ligereza. Puedes provocar lesiones graves o irreversibles en alumnos que tenga algún problema físico. Y por otra parte, tener conocimientos de psicología, capacidad de escucha e intuición es también transcendental. La formación de un profesor de yoga a de ser muy amplia, multidisciplinar y permanente, de hecho todos somos eternos aprendices en el campo del yoga..., bueno y en todos los demás campos.

-          Soy de los que piensan que cualquier cosa hecha desde el corazón es creativa. ¿Cómo definirías la creatividad?

-            Para mí la creatividad es la capacidad de fluir en cualquier actividad o disciplina que desarrolles y de plasmar esa creación en el plano físico. Desde inventar algo a pintar un cuadro o escribir un poema. La creatividad es hija de la libertad interior. Los miedos y los bloqueos son enemigos rotundos del espíritu creativo. En cambio, en la medida que te conoces a ti mismo y permites que la luz de la conciencia brille en tu interior, la creatividad se desarrolla como un manantial imparable, porque nuestra naturaleza esencial es pura creatividad. Todos somos, en principio, inmensamente creativos.

-          ¿Cómo ves la relación de buscar un propósito a la existencia, y a la par, desenvolvernos en la jungla urbana?

-          Creo que en la vida hay muchos factores que no podemos controlar. Pero si hacemos un plan vital elemental, digamos que a unos cinco años vista, si tratamos de ir en la dirección que sea acorde a nuestra forma de concebir el mundo y que se adapte a nuestros valores, pues en cierta medida podremos conciliar nuestra forma de pensar, sentir y vivir. Esto me parece importante. Deberíamos de vivir y actuar con coherencia a nuestros principios. Creo que gran parte de la infelicidad y la frustración vital en la que andan inmersas tantas personas se debe a no poder conciliar estos aspectos. Hoy en día y dado los tiempos que corren, el sistema que entre todos hemos creado nos hace autómatas, seres enajenados, egoístas, competitivos. Nos damos la espalda unos a otros cuando la salida a los problemas y a las crisis está en darnos la mano.
-          Si nos ponemos más prosaicos, también podemos pensar, cómo llevaría Buda un atasco en la M30, un viernes de Agosto a las cuatro de la tarde. Seguramente con ecuanimidad, pero es aún más probable que Buda evitase verse en esa circunstancia casi todos los viernes del año, como posiblemente le sucede, aquí en Madrid, a miles de personas. Ni a nivel individual ni colectivo, la sociedad que tenemos es sostenible. Y muy posiblemente seamos testigos de un gran cambio, si es que no ha empezado ya.


-          Cada vez más está de moda el yoga y sus distintas modalidades. ¿Qué opinas de que exista tanta variedad o que incluso pueda perderse la verdadera esencia de la práctica?

-            Pienso que el auténtico Yoga es siempre el mismo, más allá de nombres y escuelas. Si una disciplina te ayuda a detener la incesante actividad de la mente para vivir en las coordenadas del aquí y ahora, haciéndote más consciente y lúcido, entonces estás haciendo Yoga y eso siempre será muy bueno para ti y todos aquellos que se crucen en tu vida. Evidentemente hay impostores, falsos maestros.... A este respecto recomiendo un libro de Alan Watts, "El Gurú Tramposo". Como te puedes imaginar, desde que empecé en 1985 a moverme por escuelas de yoga de España, Estados Unidos, India, etc, he conocido mucho gurú tramposo. Es tremendamente fácil reconocerlos, pero también es cierto que tienen una capacidad sorprendente para atraer incautos.

-          Nos conocimos a partir de diferentes coincidencias, pero también por un denominador común llamado Ramiro Calle. ¿Cómo le conociste?

-            Conocí a Ramiro en la India, en la casa de la Madre Teresa. Fue una grandísima coincidencia. Desde ese momento, año 1995, hicímos una gran amistad. Hemos colaborado en varios proyectos y seguimos haciéndolo. De hecho, hace unos días grabó unos cuentos para un nuevo trabajo discográfico. Yo he aprendido mucho de Ramiro y siempre que puedo me escapo a su centro Shadak en Madrid, que es además punto de encuentro de gente entrañable. Ramiro es un auténtico genio de la elocuencia, y no exagero si te digo que es la persona que más sabe de yoga que jamás haya conocido.

-          Vives en una Ecoaldea en la que se realizan diferentes actividades. Cuéntanos, ¿qué nos podemos encontrar?

-          Efectivamente, vivo en la Ecoaldea de Valdepiélagos, a tan sólo 48 kilometros de Madrid. Una urbanización ecológica y bioclimática, donde los desarrollos urbanísticos se han realizado con criterios de máximo respeto al medio ambiente. Aquí tenemos un modesto "ashram", el Centro de Yoga La Ecoaldea de Valdepiélagos, donde realizamos retiros y cursos de fin de semana con la intención de ofrecer a quienes nos visitan, una profunda desconexión de la presión y el estrés que genera la gran ciudad y el ritmo de vida tan enajenante que impera. Es un sitio muy especial, un remanso de paz, con un ambiente muy amigable y relajante.


-          Háblanos de tus proyectos, qué ideas tienes, cómo diriges la mirada hacia el futuro.

-            En breve publicaremos un nuevo CD, con el titulo de Unity, dentro del proyecto en el que trabajo hace años, Yoga Music Experience. De alguna manera esta propuesta aúna el espíritu del Yoga con la música al servicio de la belleza y la autenticidad. Musicalmente es difícil de etiquetar, ya que fusiona estilos muy diversos que van desde el jazz a la música india, pasando por el ambient o el clásico. Es una propuesta bastante original que en los directos está teniendo una acogida extraordinaria. Espero que en los próximos meses podamos viajar bastante llevando este trabajo a otros países. También estoy terminando un libro de cuentos, trabajando en la música de la compañía de danza, Yoga Dance Experienc, terminando un guión de cine y componiendo temas nuevos. Llevo unos meses de no parar, pero a veces hay temporadas así y merece la pena vivirlas con gran intensidad.




-          ¿Algo que quieras añadir con total libertad?

     Simplemente agradecer tu labor. Cada granito de arena que podamos aportar para hacer de este mundo un lugar mejor es una labor maravillosa e imprescindible en los tiempos convulsos que corren. Tus libros y artículos, querido Raúl, son una aportación tan generosa como necesaria. Gracias a ti por tu labor, por ser una persona excepcional y llena de talento. Y gracias a todos los lectores por dedicarnos estos minutos. 




    Gracias a ti por tu gentileza y honestidad.
    En mi nombre y en la de todos los lectores de este blog, te deseamos los mejores deseos y las mejores energías para que continúes tu consolidada trayectoria.
    Mucha suerte Chema, y a por todas!!



  http://www.yogamusicexperience.com/
        http://www.chemavilchez.com/
        info@yogamusicexperience.com


        Para las personas que deseen apoyar en el proyecto ¨crowdfunding¨ (financiación colectiva) del disco y espectáculo UNITY- YOGA MUSIC EXPERIENCE, no dudéis en seguir este enlace:
       http://www.yogamusicexperience.com/es/crowdfunding.html

     



       



















 

domingo, 22 de septiembre de 2013

El pensamiento.

   

El pensamiento es esa voz espectral que nos envuelve y acapara. Sin duda alguna es una herramienta del proceso de la evolución humana, convirtiéndose en imprescindible para el progreso y la diferenciación con otros seres que nos acompañan en la existencia.
    El pensamiento ha dado cabida a avances, discriminaciones, sentido de las necesidades y se ha manifestado a través de las palabras y los gestos. El pensamiento bien encauzado se ha materializado en arte, poesía, música, escritura, tecnología... A través de él se produjo el lenguaje, el raciocinio, la cognición, la lógica y el intelecto.

    Pero también un pensamiento mal empleado ha dado pie a todas las atrocidades que el ser humano haya podido realizar. Todas las guerras, todo el destrozo en la naturaleza, la codicia, la envidia, el afán imperioso de poder... Todo ello comenzó con un pensamiento, que lejos de la luz de la benevolencia, se plasmó en dolor ajeno y propio. Es también por todo ello un doble filo en el ser humano, pues puede sacar todo lo peor de nosotros, o por el contrario, incitarnos a verdaderos horrores.
    El pensamiento, como lo es la mente, es todo un misterio. Un misterio que no puede resolver otro misterio, como lo es el sentido de la vida. El pensamiento puede traducir, revelar, desvelar, profundizar y alcanzar en estados altos de lucidez, significados ocultos entre las apariencias de las cosas. Pero en lo que se refiere a designios existenciales, el pensamiento encuentra su limitación. Hay algo más en lo que el pensamiento pierde su poder, su utilidad. En las regiones de lo ignoto, el pensamiento no logra alcanzar la altitud donde se desvelan las interrogantes que aplastan al ser humano y le dejan en un punto de un puente que no puede cruzar. El pensamiento, pues, en planos de mística o búsqueda interior, llega un momento que se puede convertir en una carga, pues su peso específico pierde significado.

    La vida filtra a través del pensamiento, que es lo que lo edulcora y colorea, dándonos un informe a veces distinto de la realidad tal cual es. Será entonces en el dominio del pensamiento donde consigamos su máxima utilidad, porque a merced de él, nos manipula y zarandea constantemente. Entonces el pensamiento puede llegar a ser obsesivo y convertirse en un ruido de fondo infernal. Como un pedalear constante que coge inercia, el pensamiento se apodera de nosotros haciéndonos caer en su hipnosis y tendiéndonos la trampa de que nos identifiquemos con el mismo, dejando aprisionado al ser y solapando la verdadera naturaleza que no se manifiesta por ese ruido ensordecedor.
    La batuta la lleva el ego, que escondido detrás del pensamiento, orquesta su intencionalidad de alimentar la idea de separatividad. El pensamiento toma un dueño lejos de nuestra voluntad más directa. Convierte la vida en una descripción continua de lo que nos sucede, lo que nos es injusto o de lo que nos debería pasar y que merecemos. El pensamiento va describiendo cómo se siente el ego, la mayoría de las veces herido en su orgullo y buscando la estrategia de que algo no vuelva a suceder. El pensamiento va cayendo en un círculo cerrado, donde quedamos atrapados sin intuir una escapatoria. Un pensamiento así nos absorbe las mejores energías, siempre prestas a presagiar o confabular nuestros derechos (que no hay que confundir con el análisis lúcido de nuestros intereses), mutila apreciar lo que tenemos de frente porque no estamos en el presente, y no libera potenciales armónicos ni despliega habilidades.

    El pensamiento repercute y enlaza en cómo nos sentimos. Las emociones y las reacciones generan un tipo de pensamiento y viceversa. Así como nos sentimos, así pensamos. Así como pensamos, así nos sentimos. Controlar el pensamiento no es tarea fácil, porque hasta ahora ha campado a sus anchas con nuestro permiso. Poner orden a tanta manifestación pensante significa tener la intrepidez de dejar distancia con los mismos, y en esa lejanía observar y enfriar el pensamiento que al igual que surge, se desvanece. Entonces uno comienza a entender que el pensamiento tiene la realidad que nosotros queramos darle, y que la realidad que vivenciamos estará más o menos nutrida de los pensamientos que queramos aportarle.

    Si el pensamiento nos esclaviza, tenemos que ganar astucia sobre el mismo. Aprender a pensar encauzadamente y a dejar que los pensamientos se debiliten por sí solos negándoles nuestra atención. Es nuestra atención prestada a los pensamientos lo que les alimenta y atrae. EL pensamiento nos seduce y fascina, y eso hace que nos arrastremos ante su magnetismo oculto. Parece imposible estar sin pensar, y no hay que volverse amnésico, pero entender y comprender que la vida es mucho más que pensamientos.
    Cuando somos capaces de vivir sin el velo de los pensamientos, la experiencia es más directa. No hay tantos juicios de valor, ni tanta dualidad de a favor o en contra. La brisa en el rostro es experimentada, la rosa y su aroma no necesita lógica y un cielo estrellado no tiene por qué ser racionalizado.
    El pensamiento tiene su función y su importancia. Hablamos en todo momento del pensamiento discursivo e incontrolado. El no-pensamiento es la habilidad que proviene de intuir otra realidad no conceptuada. Saber en momentos determinados dejar el pensamiento a un lado, es aceptar la vida tal y cómo viene, sin adornos ni embestiduras. Es estar en apertura en el  aquí y ahora, y no dejarnos alejar de un presente que requiere de toda nuestra atención. Alejarnos del pensamiento ordinario es explorar otras zonas de la mente donde no se requiere de ese charloteo incesante y acaparador. Es entender con comunicación directa la existencia, entablar un dialogo silencioso pero cargado de información. Es reconciliarse con lo más genuino de nosotros sin llevar a cuestas tanta información que no es útil para acceder a nuestro recogimiento interior.

    El buscador sabe que el pensamiento, como han indicado muchas tradiciones de autorrealización, puede convertirse en un obstáculo, pero también sabe la importancia y el poder de un pensamiento bien empleado. A través de él hallará conocimientos, caerá en la cuenta de muchos aspectos, le permitirá indagar en el modo final de ser de todo lo aparente, le permitirá también no quedarse en la superficialidad de las cosas y tratar de hallar respuestas coherentes a su incesante búsqueda. Mediante el pensamiento procederá a efectuar prácticas para controlar y dominar su mente, y sobre el pensamiento, paradójicamente, catapultarse para subyugar el proceso pensante. Entenderá mediante el mismo el mensaje de personas o maestros realizados, comprenderá sus parábolas, analogías y ejemplos para facilitar el acceso que depende del nivel de comprensión de la persona.
    Así el pensamiento se convierte en un compañero de fatigas en el viaje interior, pero lo que ya sabe el buscador es que en un momento de ese viaje, el pensamiento no podrá acompañarle. Será entonces cuando le agradezca su cooperación, pero el camino entonces será más estrecho y el pensamiento con su funcionalidad no coge por ese sinuoso sendero.

    La vida está ahí, esperándonos, en apertura para recibirnos. No nos enredemos tanto en lógicas aplastantes y dejemos el pensamiento a un lado cuando lo estimemos oportuno. Para ello la técnica de la meditación nos enseña a manejar ese pensamiento incontrolado y a observar su proceso de surgir y desvanecerse.
   

    Sepamos aparcar el pensamiento cuando realmente lo merece; utilicémosle cuando su utilidad sea necesaria. El pensamiento puede estar un rato sin nosotros, nosotros podemos vivir y experimentar un rato sin él.








lunes, 16 de septiembre de 2013

Reseña ¨El vecino de al lado¨. Blog: Anescris.



     


     SINOPSIS:

     Sergio, recién divorciado de Yolanda, se va a vivir a un piso él solo, aunque
aparentemente parece
 que esta bien en el fondo su alma vive sus días más negros, cree que se va a
volver loco, pero un día 
conoce a su vecino Vicente, y desde ese momento su vida cambia. Vicente desde
 su experiencia le 
empieza a abrir su mente al yoga, también le ayuda cuando tiene días malos ,
y le explica que intente 
ser como su gato siamés, tranquilo pero alerta siempre.

     Sergio se da cuenta que no solo tiene que poner en orden su vida sino también
 la mental, intentar
 ganar a su mente y ser un observador, para poder disfrutar de la vida.

     MI OPINIÓN:

     Bueno primero dar gracias a Editorial Círculo Rojo por haber cedido el libro
para poder reseñarlo, 
es de agradecer que se hayan fijado en nosotros para ello. Y ahora como no,
mi opinión:

     Primero de todo, aunque había elegido yo la lista de los libros estaba un poco e
scéptica en cuando 
qué esperar de este libro , por lo único que sabía, Sergio y un vecino anciano,
y bueno un gato, no 
sabía qué podía esperar, pero me he llevado una grata sorpresa, me ha encantado y
 disfrutado mucho 
con el libro, decidí cuando lo estaba leyendo darle su tiempo al libro, leerlo,
tranquilamente y saborear 
sus palabras. Así que con Sergio he sufrido sus ataques de locura como dice él,
pero con Vicente 
disfrutaba escuchando sus palabras sabias e incluso te relajabas a la vez que Sergio,
y sufrí por Vicente 
como sufrió Sergio . Creo que todo el mundo somos un Sergio donde nos domina
la mente, 
posiblemente porque me identifico y a veces tengo que callarla, me han llenado mas
 las palabras
 de Vicente, e incluso de intentar investigar un poco más el yoga.

     Diréis está loca por sólo leer un libro vas a investigar un poco más el yoga,
bueno a veces un libro
 nos lleva por caminos que no habías pensado, un libro nos lleva a viajar a distintos
lugares del mundo, 
a distintas épocas, a muchas historias, por qué no nos iba a enseñar este libro un
poco, aunque sea por 
encima, la esencia del Yoga. A veces sientes que la vida y nuestra mente no te ayuda
a disfrutar de la vida
 y si con el yoga consiguiera eso, ¿por que no?, a lo mejor lo que quiero es ser un gato
 y no lo he dicho.

    MI PUNTUACIÓN: 10


                                           photo cabeceras-para-blogs-vintage-corazo3010n_zpsf0457f04.jpg

                  http://anescris.blogspot.com.es/2013/09/resena-de-el-vecino-de-al-lado-de-raul.html






domingo, 4 de agosto de 2013

La autoestima.

    Quererse a uno mismo en su justa medida es síntoma de equilibrio emocional. La autoestima no es egolatría, ni altivez ni altanería. Es el sano amor hacia uno mismo al margen de las estructuras del ego.
    Quererse implica observarse, corregir, protegerse y robustecer el simple hecho de que somos irrepetibles en esta existencia, tanto en lo bueno como en lo que no lo es tanto. Cuando la autoestima es genuina, su origen no es el halago externo, ni las recompensas materiales ni el reconocimiento de los demás.
    La autoestima eclosiona con la aceptación de uno mismo y en la firme voluntad para buscar los medios que nos permitan evolucionar y desarrollarnos. En esa senda de autoconocimiento y perfeccionamiento es importante desarrollar estima, porque ese lado de nosotros que nos negamos a ver, termina por ponerse de frente. La autoestima entonces se encarga de abrazarlo, de no excluirlo y de tenerlo en cuenta para mejorarlo.
    Una falta de estima genera en la persona una deficiencia emocional que le hace vivir de espaldas a sí mismo, siempre buscando el agradar y la aprobación de los demás, todo ello generado desde su propia inseguridad. Busca verse en el reflejo que proyectan los otros, hace una descripción de sí misma sobre las opiniones que le van llegando y sólo ve su imagen en espejos ajenos. La baja autoestima lanza una información negativa sobre uno. Desde que no está a la altura de las circunstancias, a que no es capaz de realizar cualquier tarea o que su propia presencia desencadena incomodidad en las demás personas.
    La vida entonces está mermada, anulada. Uno se convierte en presa de sus propias convicciones y acaba por ajustarse a un papel creado. En una baja autoestima existe un ego, pero es miedoso. No saber decir no, no saber mostrar firmeza cuando las circunstancias lo requieren, no determinar su actuación en este mundo..., todo ello esconde un ego herido en su orgullo, atrincherado y deseoso de alabanzas y consideraciones.
    La falta de estima a la larga genera resentimiento, rabia contenida y rencor hacia aquellos que se aprovecharon en un momento dado. Puede hacer creer a la persona que está actuando bajo el comportamiento de la prudencia, pero esto es sólo un parche para no ver la realidad que se esconde. La falta de estima es falta de confianza, de no creer en los potenciales de uno, de sentirse sin los mismos derechos que los demás. Sin estima la persona se desvincula de sí misma, mendiga afecto y anhela reconocimiento.
    Cuando esa piel adherida se va deshaciendo, el sujeto empieza a respirar. Se da cuenta que quería protegerse de algo que se ha desvanecido. Factores como la seguridad, el equilibrio de ánimo, la aceptación de nuestra parte negativa por resolver, el aprendizaje para saber desenvolvernos en ciertas confrontaciones, aprender a expresar lo que uno llega a sentir..., todo ello son herramientas para salir de la estrechez de la falta de estima.
    El ego no tiene por qué abanderar nuestra estima. Éste puede estar al margen, pues querernos a nosotros mismos es querer dar lo mejor a los demás, sin ese sentimiento de separatividad que propone el ego. Si uno no está bien, menos lo estará con nadie más. Si uno no se aprende a amar, poco sabrá hacerlo hacia alguien. El amor nace en uno, y ese es el primer escalón a rellenar.
    La factura de no saber apreciarnos puede venirnos aumentada. La ausencia de aceptación queda rellenada por sentimientos de animadversión incluso hacia nosotros mismos. Nos culpamos enormemente por ser como somos, por no saber atajar de una vez por todas. Cierta ira puede ser retroalimentada, porque al final denotamos que el único culpable de sentirnos así está en nuestra actitud pasiva y permisiva.
    Uno puede quererse y ser inocente, compasivo, presto y solícito. De hecho estará más capacitado, pues lo que comparta lo hará desde cierto desprendimiento sin la espera de recompensa alguna, porque haciéndolo ya lo recibe. En esa integridad psicológica la persona está más capacitada para comprender, entender y no juzgar, porque anteriormente lo habrá hecho sobre sí mismo. Eso permite ampliar las miras para que así el amor hacia uno no nos haga sentir diferentes al resto, sino todo lo contrario, pertenecer a una unidad de seres que sienten y padecen como nosotros.
    Si no sabemos aprender a cuidar nuestros intereses, nuestras motivaciones, luchar por nuestros sueños, poco sabremos apreciarnos en grado sumo. Somos autores de nuestra propia existencia, somos quienes damos los pasos en nuestro camino, somos el milagro asombroso de estar vivos. Si la vida no nos asombra, se vuelve de blanco y negro y sus planos son líneas paralelas que nunca se encuentran; poca diferencia habrá en estar muertos.
    Evitemos que nos impongan un modelo de vida, que nos relaten un guión al que ajustarnos. Tenemos nuestras propias prioridades, necesidades y anhelos que no tienen por qué parecerse a los del resto. Somos maestro y discípulo en esta vida. ¿Podemos aceptar consejos? Claro que sí, pero no seguirlos al pie de la letra por complacer a alguien. Si una persona no nos acepta por cómo somos, algo en ella tampoco se ha aceptado. Si no aceptamos a alguien por cómo es, chequearemos que nos incomoda y así observaremos lo que despierta en nosotros.
    La autoestima se va desarrollando a medida que vamos aprendiendo a valorarnos sin caer, insistimos, en la burocracia del ego. El sosiego será despertado, la visión más esclarecida y con ello un comportamiento más maduro y que sabrá ajustarse a la inmediatez del momento.


    En la senda de la búsqueda interior, la estima debe estar regada constantemente, pues es la motivación de querer mejorar la que debe renovarse constantemente. No para buscar el sentirnos superiores ni alabados, sino para ir despojándonos de todo aquello que no nos sirve y no nos pertenece,  y acoger renovadas actitudes y conceptos que distan de los petrificados.
    El buscador comprende que sin estima solo hay alienación. Sin llegar a entenderse se pierde en el camino; sin su propio cariño hacia sí, pierde el rumbo y la orientación. Trata de ganarse, de conquistarse, porque es lo único que tiene. Quiere poner a prueba su amor y compasión en el banco de pruebas de uno mismo, y una vez así, desplegarlo hacia los demás.
    La autoestima nos reencuentra, nos integra y nos defiende de personas poco recomendadas. Evita también la desdoblegación y nos hace encontrar esa comunión que sólo puede producirse en el interior de uno.














sábado, 20 de julio de 2013

Las expectativas.

    La expectativa es la proyección que reviste un anhelo. Es el decorado que otorgamos a las cosas, una suma de cualidades a alguien o un final de etapa para un esfuerzo.
    La expectativa seduce, fascina y embelesa. Despierta una proyección y sobre la misma se retroalimenta. Aparta cualidades o bien las descarta; dibuja sobre el lienzo de la realidad un cuadro paralelo.
    La expectativa es la pieza en el aire a la espera de ser encajada.

    Otras, despiertan pavor, temor y anticipación temérica. Es la expectativa lo que insufla un futuro no alcanzado. Son las miras depositadas en cómo pueden, o deben ser las cosas. La expectativa despierta interés, y ese exceso de atención en muchos casos nos aleja de cada paso en el presente. Puede servir como un reajuste sobre lo que buscamos, un final perfecto de nuestro capítulo personal.
    La expectativa se puede vivir con o sin consciencia. Con consciencia la expectativa se convierte en un deseo que puede ser alcanzado si ponemos los medios de los que dispongamos; sin consciencia, la expectativa se transforma en compulsión, deseo de acelerar el paso del tiempo y una necesidad imperiosa de que el contenido de la expectativa se cumpla bajo pronóstico.

    Una expectativa incierta o alejada de parámetros reales, no hace más que codificar la realidad y manipularla a nuestro antojo. Así entonces se deteriora la capacidad de manejarnos con los planos imprevisibles de las circunstancias, ya que la expectativa se convierte en un petrificado ¨algo por llegar¨. Es sana aquella que se va reajustando sin ningún tipo de parche. Nos sirve para diferenciar los distintos tipos de frutos que vamos recogiendo en los senderos que nos propongamos.
    Vivir la expectativa es dejar cierta distancia con la misma, sabiendo que se pueda cumplir o no, pero que se mantenga en nuestra visión para no distanciarnos del rumbo. Crear una expectativa para rellenar algún vacío interior es caer en la mayor de las frustraciones, aparte de acarrear disgustos, fricciones y malestar. La expectativa malentendida puede llegar a incrustarnos la idea de nuestro destino, excluyendo completamente la ley del cambio y los procesos transitorios.
    Una expectativa alumbrada por la luz de la consciencia, hace del espacio/tiempo una doblez en la esquina de la página que queremos alcanzar. Se convierte en un punto en el que se dirigirá nuestra expectación, uno de nuestros mayores impulsos de movilización. Sin expectativa correcta el impulso puede quedar en el aire, porque la dirección se diluye a cada paso.

    Las expectativas también alcanzan el revestimiento de las personas, pues creamos en ellas un personaje que se ajusta a nuestros deseos y los aleja de nuestros miedos. Ahí es cuando idolatramos y creamos toda una esfera brillante que envuelve al sujeto. No vemos pues a la persona en sí, con sus virtudes y defectos, sino una proyección creada a un antojo que busca la recompensa si consigue ser acertada. En ese caso nuestro ego se siente fuerte, pues de alguna manera anticipó cómo debía ajustarse la persona sin más criterio que el propuesto por nosotros.
    Otras veces ese revestimiento es a la contra, es decir, dotamos de negatividad y falsas especulaciones dejando inerme la propia valía de la persona. Entonces, a nuestros ojos, las personas quedan estancadas sin capacidad de avance ni desarrollo. Quedan sembradas en una proyección que impide su crecimiento, aunque se produzca igualmente a un lado de este estrecho punto de vista.
    La expectativa nos debe servir, pero no obsesionar ni confundir. Debe estar para situarnos, no para alienarnos a simplemente alcanzarla. Debemos entender que lo que en un momento pudo ser expectación, quizás se elimine con el tiempo, como cambian también nuestros deseos y anhelos.
    En la senda espiritual y de Búsqueda, la expectativa debe estar muy detectada y arropada de consciencia. Aunque el objetivo puede ser muy noble, como es el de la libertad interior, desarrollar compasión o alcanzar la iluminación, debemos tener cuidado con quedar enredados en la expectativa (más con lo último nombrado). Si no alcanzamos la expectativa deseada quizás aflore cierto desagrado, cierto arrepentimiento por embaucarnos a un desarrollo espiritual que es paulatino y sin aceleraciones imprevistas. Podemos sentir desfallecimiento, sensación truncada en el objetivo y resentimiento incluso al deseo noble de automejorarnos.


    Un buscador dejar espacio entre su esencia y la expectativa que se recrea en su mente. Sabe que es más que lo que la expectativa le empuja a alcanzar, aunque sea grato alcanzarlo. El buscador noble trata de no caer en la ciega identificación de su anhelo, prefiere instrumentalizarlo como el que juega con fuego pero no se quema. Entiende que a lo mejor alcanzar no es más que retornar y reconocerse.
    Hagamos de la expectación algo más que un querer llegar a ningún sitio. Que nos sirva pero no nos engatuse, pues al final lo que llegue llegará, y será nuestra predisposición y actitud lo que permita recibir y transformar el alcance de nuestros esfuerzos y la constancia en el resultado.