lunes, 30 de junio de 2014

El diálogo mental.

    Si algo nos acompaña en todo momento cotidiano, es sin duda alguna, la charla continua del pensamiento. La voz espectral que nos envuelve y acapara se va ligando hasta conseguir un encadenamiento de pensamientos, creando un dialogo interior como sonido de fondo en nuestras vidas.
    De manera constructiva o inspiracional, el pensamiento enriquece nuestro bienestar y, alimenta el sinfín de ideas para un correcto uso de las mismas. En ese caso, el dialogo interior está a favor y nos acompaña amistosamente como un buen amigo a nuestro lado. De esa manera, el pensamiento y su discurso íntimo, se encuentra en armonía sin tratar de acaparar más de lo que le pertenece. Es un aliado que nos orienta, nos inspira y edulcora con su presencia.
    Pero la mayoría de nosotros podemos caer presa de ese tráfico pensante. No vemos la manera de cruzar la vía entre un vehículo y otro, pues llega a ser tan mínimo el espacio entre ellos, que ni una rendija se genera para poder colarnos. Llevado a un contexto pensante, el pensamiento y su discurso puede llegar a ser asfixiante, acaparador y sabotear nuestros mejores momentos.
    El diálogo nos hipnotiza, y lo que es peor, nos hace adictos al mismo. El pensamiento se corona como rey de nuestro reino interior y su discurso nos arrastra de un lado hacia otro. A su servicio se presta el ego menos cooperante, que mediante la vía de la construcción del pensamiento, utiliza dicha herramienta para condicionar y sobreponer sus argumentos.
    El sujeto cree ser el gobernador cuando, en el fondo, es el gobernado. El dialogo pensante se convierte en un continuo río de caudal alto, donde se saca a la luz una y otra vez, temas que nos torturan y frustran cualquier intento de fluidez en la circunstancia presentada. Así, de esa manera, muchos instantes son derrochados en la atención prestada al pensamiento discursivo.
    Las energías son malgastadas en esa escucha permanente, como a la espera de algo nuevo, de alguna resolución no antes creada. Lo cierto es, que un dialogo no sometido a la luz de la consciencia, se convierte en un jinete salvaje y difícil de domar. ¿Cuántas son las personas que sienten truncadas su felicidad por una mente caótica y difícil de manejar?

    El problema no es pensar, sino en no manejarnos con el pensamiento. El problema no es el pensamiento, sino el pensamiento incontrolado. No es fácil darse cuenta, porque es mucho tiempo siendo esclavos de una mente en la que nos identificamos por completo. Se ha convertido en dueña y trata de engatusarnos constantemente con consejos poco fiables. El pensamiento no dominado es un asesor del cual hay que desconfiar, pues no está regido por la lucidez ni la reflexión consciente, sino por impulsos egocéntricos donde predominan ciertos afanes vengativos o maneras de ajusticiar lo que consideramos injusto.
    Las emociones acompañan, son el detonante de lo que sentimos al identificarnos con estas corrientes pensantes. Se disparan sensaciones que pueden ser gratas o ingratas. Las ingratas alimentan el dolor almacenado y sirven de catapulta para que de nuevo el motivo surja para que un dialogo se repita. Así es como se produce en nosotros cierto hastío, cierto agotamiento y asfixia ante el run run mental. Nos vemos acorralados sin un espacio que nos libere de prestar atención al pensamiento impositivista que se crea en nosotros. Parece que no hay elección, mucho menos, escapatoria, y se merma en nosotros la posibilidad de una transformación, de una opción de libertad interna, donde el ¨yo¨ quede un poco al margen de lo que se piensa, y donde pueda observar sin ser arrastrado, sin identificarse y con la posible elección de desviar la mirada de esa autopista de pensamientos.

    Parece utópico porque no entendemos ser, sentir o vivir, sin el ruido de fondo del pensamiento. Parece que sin él no somos nadie, es más, parece que lo que realmente somos es el pensamiento y nada más. Pero al ser tomados por el ruido pensante ya no estamos presentes, porque el pensamiento se maneja en pasado o futuro, ya que el instante tal y como es, no le ofrece un espacio para situarse. El presente no da cabida para un dialogo rumiante de pensamientos inconclusos. El poder transformativo de estar presente genera un espacio ante el pensamiento, donde toma una posición más secundaria. Ya no arrebata nuestra mirada, ya no ensordece nuestra consciencia embotándola y agotándola. Ese espacio, al observar el pensamiento sin identificarnos, nos da cierto respiro, una brisa fresca y reparadora, y una ruptura de las cadenas que antes nos forjaban.
    La atención consciente facilita que cuando somos arrebatados por una corriente pensante, podamos alejarnos interiormente para situarnos en un puesto de observancia. Desde ahí, el poder hipnotizador del pensamiento no es tan imantador, pues al haber distancia, cierta lejanía, se rompe una identificación que nos sometía por completo y nos empañaba la visión haciéndonos creer que no había otra cosa donde dirigir nuestra mirada.
    El espacio entre pensamientos es la esperanzadora dimensión donde se vislumbra una percepción de una realidad lejos de la dualidad en la que somos zarandeados por falta de ubicación interior. Cuando emerge el estado de presencia se eleva la consciencia, y con ello, una manera de distanciarnos de todo ese contenido asfixiante y ruidoso.

    El entrenamiento mental, como la meditación, permite esa observación que nadie puede hacer por nosotros. Es la identificación ciega la que nos hace creer que nuestra esencia es lo que pensamos, cuando paradójicamente, su cesación revela otro modo final de ser y existir.











jueves, 22 de mayo de 2014

La insatisfacción.

    La insatisfacción es la insoportable sensación de sentirnos vacíos, de tener un hueco en nuestro interior que no termina de ser colmado.
    El sentimiento de insatisfacción viene acompañado del desconcertante entendimiento de que, aun teniendo cubiertas nuestras necesidades, queda algo por llenar. Miramos hacia afuera y vemos todo acompasado, a un ritmo, pero adentro hierve el desasosiego incesante de que algo está a medio camino. Es difícil mirar con claridad ese hervor que nos hace oscilantes y que nos arrastra del momento presente y su disfrute, pero ese punto de ebullición acapara nuestra atención como una llamada a gritos.

    Dependiendo de la persona, ésta puede hacer caso omiso, o por el contrario, despertarse un deseo de colmar ese sentimiento de profunda insatisfacción en el que parece que nada puede servir para mitigarlo. En un estado así, la felicidad parece una utopía, Se produce una gran capacidad de malestar interior muy permanente, y donde todo estimulo exterior queda reducido a un juguete abandonado por el aburrimiento de un niño.
    Nada parece que pueda rescatarnos de esa insatisfacción. Las dudas giran sobre nosotros mismos porque ponemos en tela de juicio nuestra actitud y agradecimiento con todo aquello por lo que deberíamos estar contentos. Suponemos que nuestro estado actual es más que suficiente para tener saciadas todas nuestras expectativas y que, como no, son muchas las personas que están en peor estado.
    Pero eso no consuela a la persona alcanzada por la insatisfacción profunda o interior, porque su sentimiento no viene dado de todo lo orquestado en el exterior, ni de los logros, ni de lo conseguido ni adquirido. Su sensación promueve una movilización hacia adentro, pues es ahí el núcleo, la boca del volcán que estalla en erupción como una señal, como una alarma que trata de desviar la mirada del sujeto hacia una profundidad lejos del alcance de los ojos.

    No hay nada que se pueda poner delante que sacie o colme la insatisfacción. Tampoco el compararnos con otras personas, pues la batalla es interna y nadie la puede resolver por nosotros. Las sensaciones se van turnando; unas son de vacío, otras de malestar e incluso cierta ira ante la falta de comprender lo que nos sucede; otras son las intuiciones que se van generando de que podemos rellenar ese cuenco que habita dentro de nosotros, pero que por poca capacidad de visión, nos es ajeno a nuestra percepción.
    A nada que observemos, la insatisfacción tira de nosotros, nos ancla a un mundo interior al que no queremos mirar, pero que sí debemos ordenar si deseamos optar por utilizar estas sensaciones como un trampolín para nuestra evolución consciente.
    ¿Por qué en unas personas sí y en otras no? Es todo un misterio, porque en muchos individuos este estado no se produce, y si fuera así no lo toman con consciencia. La persona que lo experimenta y además toma consciencia, ya consigue un gran logro, porque de ahí se pasa a dar los primeros pasos de una movilización a mirar aquello que hemos dejado descuidado en nuestro interior. No es nada fácil ni cómodo, porque ya el movimiento, el desplazamiento no es hacia adelante, sino hacia adentro.
    Una insatisfacción bien instrumentalizada convierte las sensaciones vividas en combustible para sumergirnos en una búsqueda que nada tiene que ver con alcanzar logros o estatus. Sentirnos completos ya no es una quimera, pues si algo está vacío, es que puede ser rellenado.
    Es difícil no asociar una sensibilidad mística sin ser abordados por la insatisfacción. Son las llamas que desprenden un deseo de hallar algo que se escapa a nuestra razón, una sed que no se disuelve con cualquier agua.


    La insatisfacción es la llave en marcha que activará un rastreo en el buscador. Sin dicha sensación no hay combustible para iniciar un camino de realización espiritual, y quien rastrea dicho sendero, entiende que ese vacío experimentado, puede ser colmado por sí mismo.








jueves, 17 de abril de 2014

Presentación Cartas desde el Nirvana. Sala de las palabras.

    El pasado día 15 de marzo de 2014, se realizó la presentación de la novela ¨Cartas desde el Nirvana¨, edt, Círculo rojo.
 







 

El autor, Raúl Santos Caballero, estuvo acompañado en la mesa de Sara Flores, psicóloga y profesional del área de RR.HH para empresas, quien tuvo una excelente intervención expresando sus sensaciones al leer la novela estando aún en el borrador.

    A la cita acudieron amigos y acompañantes para escuchar de primera mano al autor que expuso una charla para dar a conocer la que es su segunda obra publicada.
 

.











Agradecer a todos los asistentes por su confianza en esta faceta, también a la ¨Sala de las palabras¨ por su gentileza,  a Asier Latasa por su predisposición a grabar el video, y como no, a Dany Medina por su gran trabajo fotográfico (danrony1@gmail.com).














miércoles, 26 de marzo de 2014

La actitud.

 


 La actitud es la inclinación o postura que adoptamos frente a una situación o estado de ánimo interior. La actitud tiene un poder inmenso, pues no sólo nos reviste, sino que nos condiciona y sujeta.
    La actitud es el resultado de cómo tomamos las cosas, cómo nos impactan y cómo queda su huella impresa en nosotros. La vida la encaramos, la enfrentamos y adoptamos puntos de vista dependiendo de nuestra actitud. Es la lente que se interpone entre el sujeto, y su mundo, tanto exterior como interior.

    La actitud es elección, una toma de impulso hacia dónde situarnos pudiéndose convertir en bálsamo o en fricción. Es el resultado de un posicionamiento que optamos bien, a través de la vía consciente o de manera inconsciente, jugando un papel indiscutible nuestros condicionamientos y pautas adquiridas.
    Las reacciones imposibilitan determinar una actitud consciente. Al ser muchas de ellas mecánicas y viscerales, nos sitúan en parámetros bajos de inconsciencia donde la actitud se convierte en una trinchera donde resguardarnos. Así la actitud no es saludable, no apunta a miras nobles, sino a retraernos para defender un ego, en la mayoría de los casos, inmaduro y suspicaz.
    No es tarea fácil detectar la actitud que más nos conviene en distintas situaciones, pero en esa capacidad de optar, tenemos que elevar la visión y anteponer nuestro bienestar interior. Otras veces, al ser la actitud algo tan arraigado, se querrá anteponer y abarcar como si fuera nuestra propia piel. En ese caso, la atención debe ser alerta y consciente para anticiparnos a una actitud condicionante y doliente.

    Por actitudes equivocadas se sufre, mutilamos momentos y desperdiciamos relaciones. Por actitudes correctas dejamos pasar para que algo no nos arrastre, y de esa manera experimentamos plenitud. En otras ocasiones tenemos que adoptar una postura o una firmeza para bregar con situaciones no deseadas, pero lo tenemos que tomar como el que se pone un traje para no mancharse, un quita y pon acorde a circunstancias donde no tiene por qué haber identificación con el posicionamiento. La vida así ofrece su interactuación, nosotros con nuestra actitud, decidimos nuestra ubicación.
    La actitud debe ser tomada muy en cuenta, pues nos colorea y puede salpicar el momento restante. Es como habitar en un disfraz que no nos pertenece, pero al adoptar ese papel debemos continuar con la interpretación. En esa elección nos veremos muchas veces defendiendo algo que verdaderamente no nos importa, porque por falta de intrepidez nos hemos ido colocando en una posición que realmente nos es indiferente. Por ello, la actitud no es sólo una manera de responder, sino de mantenernos con firmeza en nuestro punto o eje interior.

    A veces, la actitud puede parecer evasiva o representar algo que no es en realidad. Pero lo importante es el talante con el que lo llevemos a cabo y la convicción que determine esa toma de actitud.
    Los estados de ánimo reflejan una actitud, y por ende, las actitudes van construyendo estados de ánimo. Es por ello que vamos creando círculos que se van viciando si no ponemos los medios para frenar o romper ciertas actitudes. La actitud debe coger las riendas en cada momento, pero sin caer en optimismos irrealistas. A veces, va precedido de un ¨alto¨ introspectivo donde la experiencia en mismas situaciones nos señalan una toma de actitud. La actitud puede dar paso a una ejecución o actuación, o en cambio, una pausa o detención sumada a cierta prudencia. Es la bisagra de una puerta hacia nuestro bienestar y serenidad, que por orden de prioridades, deberíamos tener más en cuenta.
    La actitud va dando la mano a ciertos aspectos para permitirnos fluir en esta vida, como la motivación, el esfuerzo medido, los valores... La actitud se puede tambalear cuando se presentan decepciones, frustraciones, desequilibrios... Es por ello que la actitud se debe trabajar y desarrollar sobre un convencimiento de que es necesario, porque la actitud, en muchos casos, puede serlo todo.

 
Los diferentes planos en los que nos desarrollamos, como el familiar, el laboral, etcétera, deben rellenarse con una actitud acorde y ajustada a las diversas circunstancias que se puedan presentar. Si la actitud es catastrófica, veremos antes la catástrofe; si es desanimada, caeremos antes en el desánimo, si es cooperante, tendremos más tendencia a fluir.
    Es diferente elegir una actitud cuando nos vemos sobrepasados por las circunstancias, como lo es mantenerla por convicciones sin que se tambalee. La consciencia deja paso a la actitud, como la actitud nos permite desarrollar más consciencia.
    Sin una actitud resolutiva, las dudas no nos dejarían desarrollarnos interiormente. Sin una actitud de equilibrio y sosiego, difícilmente podemos encauzarnos a la conquista de nuestra paz interior.

    Todas las parcelas deben ser desarrolladas con la actitud correcta, y en el caso del trabajo espiritual, la actitud adecuada desempeña un papel fundamental. Una actitud yóguica no es la de ver y dejar pasar todo como si no fuera nada con nosotros, es la de penetrar en la corriente existencial y no dejarse arrastrar por ella pero siendo parte de ese todo. Hay mucha diferencia, muchos matices a tener en cuenta.

    El buscador ajusta una y otra vez su actitud para acoplarse a lo que determina su devenir. Sabe que a veces la actitud es difícil de mantener, pues son muchas las fuerzas que tiran para que caiga y puedan salir a flote aspectos negativos. Por ello, guardián de su mente, protector de su equilibrio psicomental, deja que quien reciba los acontecimientos y perciba sus estados de ánimo, sea una actitud que se ajuste como lo hace una mano a un guante.








viernes, 28 de febrero de 2014

La sensibilidad.


 La sensibilidad es un alto grado de percepción, donde las barreras personalistas son derribadas para dar paso a un enfoque distinto de vivenciar y vivenciarnos.

    Se sensible no es ser ñoño, ni dramático, suspicaz, o tener facilidad para caer en el lamento o la sensiblería pusilánime, ni tampoco el tener lágrima fácil. Alcanzar la sensibilidad es una comprensión muy profunda donde no anteponemos el ego, y las miras van más allá, alcanzando a todos los seres y penetrando en los misterios que ofrece la vida.
    La sensibilidad derrite la lógica, transciende las razones y desclasifica lo establecido. Es un acceso a captar la belleza que se esconde en las apariencias, la melodía en la naturaleza, el compás en el ritmo existencial. Es detectar los márgenes que encapsula la realidad aparente y desplegar una intuición que los transcienda.
    La sensibilidad permite el acceso a niveles más altos de cierta lucidez, que sin soltarse de su lado más hiriente, logra una visión más ampliada. Ser sensible no es ser débil. Se puede ser sensible y, a la vez, firme, porque no es sólo una actitud, sino una capacidad de entendimiento. Alguien puede llorar viendo una película y ser insensible al pisar una flor. Puede sentirse identificado con el dolor de una celebridad, y en cambio, mostrarse indiferente con los suyos.

    La sensibilidad no es un escaparate ante los demás, ni debe servirnos para crearnos toda una envoltura de engaños. Es un florecimiento en nuestro interior que rocía a los demás con su fragancia. Es ponerse en la piel del otro ser, ver desde su óptica, pisar sus huellas con sus sandalias. Es eliminar juicios y prejuicios, ajusticiadas condenas, deliberados veredictos. Es apreciar lo pequeño como inmenso, lo sencillo como grandioso, lo fugaz como eterno. Es atravesar la vida aceptando el misterio, bailar con el desafío, arriesgar en lo desconocido. Es coger de la mano a la existencia y dejarse llevar por ella, sin resistencias, sin oponencias. Es regresar a cierta inocencia -que no ignorancia-, y desde ahí, transitar disfrutando pisar el barro, saltar en los charcos.
    La sensibilidad funde armaduras, fraterna a los hermanos, humaniza a las criaturas. Es el bálsamo que desprende hacia la compasión, a la ayuda desinteresada, al amor incondicional.

    A veces, esa sensibilidad a flor de piel parece preocuparnos, como si nos alejara de los patrones establecidos. Parece que siendo sensibles fuéramos a ser más vulnerables, más rechazados por la sociedad. Ser sensible es desarrollar cierta rebelión, no contra nadie, sino contra lo impuesto a cómo uno debe ser. Ser sensible es no dejarnos atrapar por esa agresividad que debemos llevar a cuestas, es romper esa hipnosis en la que estamos inmersos. Sin sensibilidad todos se convierten en enemigos; sin sensibilidad, todos son  culpables de cómo nos sintamos. La sensibilidad no es sufrir constantemente, sino comprender que ese sufrimiento está ahí, y que dependiendo de cómo uno lo reciba, se hace más o menos fuerte.

    Sin sensibilidad no puede haber vislumbres, golpes de intuición, porque no hay el suficiente suelo germinado. La sensibilidad es la semilla eclosionada.
    Si nos eliminan la sensibilidad somos más manejables, porque sin ese rasgo de carácter nos unimos al pensamiento en masa, y desde esa perspectiva colectiva, la sensibilidad individual no tiene cabida. Reivindicar nuestra sensibilidad, o hacer por desarrollarla, es salirnos de una somnolencia establecida y mirar con unos ojos distintos.
    La sensibilidad no debe servirnos como un traje de quita y pon, ni como una tarjeta de visita. Es mucho más de lo que uno sienta, sino también, de cómo ejecute sus acciones. No escuchar a la otra persona puede ser un acto de poca sensibilidad; no dejar un asiento en el metro a una mujer embarazada, también. La falta de sensibilidad enfría los corazones, petrifica las opiniones, nos hace esclavos de la rigidez más constreñida.

    El buscador necesita desplegar su sensibilidad, porque es el peaje a un tipo distinto de entendimiento. También, porque es la manera de fumigar todo lo opuesto a un carácter sensible. Es la manera de no dañar, de apreciar lo sagrado en lo más cercano, de darse un afectuoso abrazo con la existencia.

    El camino debe ser engrasado para que no se produzca fricciones, y nada mejor que apostar por una sensibilidad sana, cooperante y donde la ternura consciente dé paso a un autoconocimiento más profundo e integral, y salpique todo ello a todo ser y criatura sintiente.














domingo, 9 de febrero de 2014

Entrevista a Mª Jesús Álava Reyes.



             
               María Jesús Álava Reyes

     Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Experta en Psicoterapia por la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA), Máster en Psicología Pedagógica, Especialista en Psicodiagnóstico, Máster en Dirección de Recursos Humanos y Especialista en Coaching Ejecutivo.
    Ha sido elegida como una de las «TOP 100 Mujeres Líderes en España 2012», ocupando la primera posición en la categoría de Pensadoras y Expertas.
    Ha trabajado durante más de 30 años en las áreas de Psicología Clínica, Educativa y de Empresa.
     Ha ocupado diversos puestos de responsabilidad en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en el Ministerio de Fomento y en Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena).
    En la actualidad es Socia-Directora de Apertia-Consulting, una empresa de consultoría que está poniendo en práctica un nuevo modelo de gestión del cambio y del desarrollo personal y profesional, por medio de un equipo de experimentados profesionales (ingenieros, economistas, periodistas, abogados, psicólogos..) y de una contrastada metodología.
      También dirige el Centro de Psicología Álava Reyes, donde trabajan 30 profesionales de la psicología y de la psiquiatría.
       A nivel divulgativo ha escrito numerosos libros, publicados en España, Portugal y Argentina. Entre los más conocidos está: “LA INUTILIDAD DEL SUFRIMIENTO” (con más de 300.000 ejemplares).
          Su último libro es LA BUENA EDUCACIÓN, junto con Susana Aldecoa (2013).
          Dirigió en 2007 la Enciclopedia de Psicología: LA PSICOLOGÍA QUE NOS AYUDA A VIVIR, donde colaboraron 43 especialistas de la psicología, de la medicina, del mundo de la empresa, de la sociología…
          Otros libros destacados son: EL NO TAMBIÉN AYUDA A CRECER, EMOCIONES QUE HIEREN, AMAR SIN SUFRIR, TRABAJAR SIN SUFRIR, y RECUPERAR LA  ILUSIÓN  (publicados por La Esfera de los Libros). También ha escrito a beneficio de la Fundación Isabel Gemio APRENDER A SER FELIZ. 

                  Es miembro del Consejo Asesor de la Fundación Española para la Promoción y el Desarrollo Científico y Profesional de la Psicología y miembro del Consejo Asesor de la Fundación Personas y Empresas.
             Es colaboradora habitual de diversos medios de comunicación: prensa, radio y televisión.

           En un día caluroso de junio, me propongo junto a Roque, en aquel momento alumno mío, ir a conocer en primera persona a Mª Jesús Álava Reyes. Disponemos de muy poco tiempo, es más, empleamos la hora de la comida para hacer una ¨escapada¨ y poder así realizar el encuentro.

           Aquel trayecto parecía interminable. Era como ir a contra reloj en medio de la urbe, y donde todas las expectativas se concentraban en la hora de la que disponíamos. Al fin, llegamos al Centro de psicología ¨Álava Reyes¨, y nos dirigieron a una sala para esperar a Mª Jesús. Fueron minutos de espera en los que uno trataba de profundizar en el momento, incluso de sincronizar, a través de pistas, con la casualidad.
           La puerta se abrió y vi entrar a Mª Jesús. Nos saludamos y entablamos una rica conversación. El encuentro fue muy distendido. Yo insistía en que simplemente quería conocerla en persona porque le había leído en sus libros, y hacerle entrega de un ejemplar de mi primera novela publicada. Todo ello sin compromiso alguno y por el simple deseo de hacerlo. Ella parecía muy sorprendida por ver mi ¨ pro-actividad ¨. En todo momento transmitía un temperamento calmo y de sosiego.
           Le llevé un ejemplar de su libro ¨ La inutilidad del sufrimiento ¨, que me encantó al leerlo, porque sobre todo utiliza una psicología muy práctica y realista. Mª Jesús me quiso obsequiar con ¨ Recuperar la ilusión ¨, y en ambos ejemplares me puso una dedicatoria. En ambas me animaba a seguir con esa misma actitud y no dejar de perseguir todo aquello por lo que luchamos.
           El encuentro llegó a su final, y también le quise dar una tarjeta del blog, para que cuando así lo desease, pudiera echarle un vistazo. Nos despedimos con afabilidad, y yo me fui con esa grata sensación de haber conocido en persona a una mujer muy lúcida y cabal.
           Los meses pasaron, y ante la decisión de realizar entrevistas en el blog a diversas personalidades dentro de la psicología, la mística y la autorrealización, decidí ponerme en contacto con ella. Creo que su experiencia podía servir de motor y de inspiración a todos los que estamos inmersos en ese afán de querer conocernos, y disponer de herramientas para nuestra evolución consciente y personal. 
           Para mi sorpresa me recordaba, y le propuse una pequeña entrevista para conocerla aún más en profundidad y como un obsequio a los seguidores del blog. No fue nada fácil ajustar el momento de la entrevista, porque Mª Jesús tiene muchos compromisos y cuestiones que atender, pero en mi anhelo de realizar dicha entrevista, esperé pacientemente hasta que pudo ser realizada.



           A continuación, dejo las preguntas que fueron rellenadas por Mª Jesús con sus respuestas acertadas, y donde se plasma la experiencia de muchos años para profundizar en los distintos aspectos y parcelas que ofrece la vida, en donde la calidad de vida psíquica debería de ser una prioridad en la que todos deberíamos trabajar continuamente.


-          Querida Mª Jesús, ¿cómo fueron tus inicios en el mundo de la psicología?
-          Cuando estaba cursando COU dudaba entre medicina o psicología. Pensaba que si te rompías una pierna siempre te podían ayudar, pero que en psicología era más importante incidir a nivel emocional, y esa fue la opción que me hizo decantarme. Es un área donde no sólo ayudas en la superficie a una persona, sino en lo más profundo de su ser.

-          En tu centro donde acuden tantas personas en busca de técnicas para mejorar su psicología, ¿cuál es la patología más común?
-          Principalmente trastornos de ansiedad, depresión, comportamiento de hijos, pareja... También desorientación vital, saber que algo falla pero no saber por qué, y tantos otros.

-        Vivimos en una época de mucha incertidumbre. La ansiedad es la sensación más displacentera que experimenta el ser humano de hoy en día. ¿Cómo combatirla?
-          Lo primero es que en sí misma es una señal. No sólo las circunstancias, la realidad y el origen está en los pensamientos. No son sólo los problemas, sino la manera que tenemos de ver nuestra vida. Controlando los pensamientos, controlamos nuestra vida de una manera mucho más objetiva.

-        El sufrimiento innecesario parece ser la piedra en la que más veces tropezamos. ¿De qué manera se puede aminorar esa tendencia a caer en estados de abatimiento o depresión?
-        La respuesta sería enlazada con la anterior. En el capítulo séptimo de ¨ La inutilidad del sufrimiento¨ , viene detallado las herramientas que necesitamos para evitar caer en ese sufrimiento, o en esos estados de falta de energía.

-        Cuando perdemos la ilusión por lo que hacemos, parece que nuestro mundo se derrumba por completo. ¿Cuáles son las herramientas que nos pueden ayudar a construir de nuevo los cimientos de nuestras motivaciones?
-         Lo primero, recuperar la ilusión con esperanza y volver a creer en nosotros mismos. Esa ilusión nunca puede estar en manos del exterior, y debemos aprender a automotivarnos  y ganar confianza, y dando como resultado, una sana autoestima. La terapia ¨ Racional emotiva ¨es el método en mi equipo y permite poder salir adelante.

-         El trabajo puede llegar a ser la actividad que más tiempo nos absorbe. ¿Cómo debe ser nuestra actitud frente a los quebraderos que nos puede generar?
-          Todo el tiempo es casi en el trabajo. Hay que intentar tener una actitud positiva, o si no, el trabajo se convierte en un aliado o fuente de malestar. Depende de nosotros sin pedir a los demás, si no, todo es un suplicio. En este contexto, no habría dinero suficiente para pagar nuestro sufrimiento. 

-        También existe el plano de las relaciones. ¿Cómo manejarnos con ellas, y cómo defendernos cuando somos víctimas de la manipulación?
-         Nunca nos han preparado para la vida. Deberíamos conocer los principios de las relaciones humanas, también saber decir no. Mucha gente no sabe y se convierten en víctima de la manipulación. Es importante ser asertivos, ser empáticos pero sabiendo cómo es la otra persona. Hay que convertirlo en un arte, sino, se convierte en un lastre. Para comunicarnos bien tenemos que conocernos a nosotros mismos y con cada persona saber favorecer la comunicación. Aconsejo ¨ Emociones que hieren ¨.
  
-         ¿Cómo podemos trabajar la autoestima sin caer en el egocentrismo?
-         Cuando aprendemos a conocernos, tenemos que saber querernos, y también, a perdonarnos. La autoestima es sana y permite no depender de los demás, que eso no quita de no ser sensible. Cuando hay ego se entorpece las relaciones. Entonces nuestro reflejo está en el espejo de los demás.
  
-        La mente parece ser muchas veces lo que más descuidamos. Muchos somos los que conocemos la meditación y técnicas de introspección para sanearla y equilibrarla. Además de estas herramientas que son válidas, ¿qué más recomendarías para la higiene mental?
-        Sobre todo técnicas de autoconocimiento. También hay que tener en cuenta la realidad externa. Trabajar en el equilibrio emocional y disfrutar del bienestar. Trabajar para ver bien el mundo y, sobre todo, no enfrentarlo. Y saber que la frustraciones son peldaños para seguir creciendo. Somos, de alguna manera, los verdaderos responsables de nuestras emociones.   

-        ¿Tocar fondo puede ser una bendición? ¿Es necesario conocer el suelo que nos mantiene de pie?
-        Lo ideal sería no llegar a tocar ese fondo. Pero sí que puede ser necesario para tomar impulso. La verdadera tragedia es no saber recuperarnos. Hay que saber relativizar, porque tocar ese fondo, a veces es inevitable. De todo ello debemos extraer recursos para seguir adelante.

-        ¿Algo que quisieras comentar libremente?
-       Decir que la felicidad depende, en gran medida, de nosotros. Según un estudio, las circunstancias sólo son responsables un diez por ciento. El noventa restante lo controlamos nosotros. Tenemos que tratar de poner el cerebro a nuestro favor. Debemos sentirnos privilegiados en diferencia de muchas otras personas que están bastante peor. Debemos aprender a saber valorar, a también agradecer una ducha de agua caliente, un techo donde cobijarnos.
      También quisiera invitar a que mucha gente lea tu blog, me parece una labor muy interesante. Espero que estas palabras puedan servir de ayuda a todos tus lectores. 



      Muchas gracias Mª Jesús. Ha sido todo un placer. Estaría horas y horas escuchándote. En mi nombre y en la de todos los seguidores de este blog, te deseamos la mayor de las suertes en todos tus proyectos, y que tu gran labor nos sirva de inspiración para desarrollar una psicología más sana, que derive en felicidad propia y ajena.





                                                 www.mariajesusalavareyes.com